sábado, 27 de julio de 2013

Londres da asco.

Londres da asco.

Londres da asco porque tras año y medio no cumple las expectativas que me había imaginado.

Me repugna el hecho de que se le considere una tierra prometida cual Israel, un éxodo obligado para todos los emigrantes del mundo que, aquí, van a encontrar un mejor trabajo, un sueldo todavía mejor pagado y un progreso notable que contar a familiares vía Skype. Una tierra prometida marcada por quemaduras de una aceitosa plancha pintada con patatas fritas, y alitas de pollo de días previos al antesdeayer... "Por lo menos tengo trabajo, que ya es algo, y aparte, aprendo inglés", le comento cual cantinela a mi compañero de piso, también español.

La ciudad de la ojera. La ciudad del mal sueño en la marquesina del metro. La ciudad de la desidia ahogada por una sucesión de negras pintas… Tránsito de borregos que de Lunes a Viernes interpretan una comedia de supervivencia al más puro estilo aventurero. Frenética Odisea de ríos de cerveza, drogas fáciles y sexo efímero durante el fin de semana… un suicidio controlado que da lugar a un nuevo nacimiento para afrontar un inevitable Lunes.

Semana en espiral de 365 vueltas.

Entonces pienso en un tren que descarrila. Y pienso en aquel durmiente pasajero que, protegido por el sueño, muere tras una violenta conmoción cerebral contra el techo de un vagón. Observo las fotos de familias destrozadas que, desde el descarrilado, nunca lograrán escapar de la horizontalidad que ahora dibujan sus vidas. Una horizontalidad cuyo único respiro se produzca tras el cierre de su propia tumba.

Veo vidas vacías, que sólo caminan con pies de cuerpos vacíos a lo largo de una repetida calle, plena ésta de miradas también vacías, porque este vacío sólo se llena de agrios momentos de crisis de pánico, de llanto, y de dolor. El resto?, el resto es sólo eso, la Nada.

No hay psicólogo, no hay pastillas, no hay abrazos ni palabras bonitas, sólo el consuelo de que la vida es un día más corta. Un día menos para que un extraño te derrame arena en la cara.

Entonces pienso que el que da asco… soy Yo.