miércoles, 10 de septiembre de 2014

Mundalia.

Es ya temprano por la mañana, y los médicos se preparan a pasar visita en la vasta, y abarrotada, planta de Geriatría del Hospital General de Mundalia. Todo transcurre tal que así:

"Matasanos!, usted lo que quiere es que me pase la noche meando, métase usted la pastilla por el gaznate", le grita quejoso el anciano Francés a la espalda del joven galeno tras el cambio de dosis de sus pastillas para la próstata, "no, no, es por tu bien, él chico sólo quiere ayudarte, en éso consiste su trabajo" -intenta calmarle la anciana Danesa con tono y ademanes conciliadores- "lo único que quiere es un poco de compañía, sabe?, sus hijos y nietos nunca vienen a verle, con lo cual, se encuentra sólo y por éso se queja", le explica al Doctor, comandante éste de su propio ejército de pupilos estudiantiles, y súbdito a la vez de su propia soberbia.

Mientras tanto, el anciano Italiano hará alarde de su propia capacidad elástica, multiplicando la longitud del único miembro que no posee vendado, para erigirse como indiscutible campeón arquero en el torneo de tino y pericia. Un certero cachete le será propinado a la Enfermera en su prominente trasero, "Caballero!, estése quieto y relájese", exclamará saltando sorprendida Lady Nightingale, tras recoger el bloc donde se registra el deterioro, o mejoría, físico de una persona.. La anciana Sudafricana no se quedará corta, no, y, pecando también de líbido, realizará acción pareja aplicada ésta en las inmediaciones traseras del joven Fisioterapeuta.

La paliativa anciana Marroquí se encomienda a Alá. Un contínuo murmullo de plegarias, como pequeños artrópodos, se escucha viajero desde el fondo de su alma. Durante los breves momentos de sufrida lucidez que los opiáceos le permiten gozar, la pobre mujer se cuestionará si dichos salmos serán recogidos por su salvador, ya que, a medida que pasan los días, cada vez le resulta más complicado recoger el artificial aire que la opresiva mascarilla le proporciona... por su parte, el anciano Peruano (también paliativo) hará lo equivalente para con su Mesías. Una retaila de Aves Marías serán orquestadas cual sedante nana tiñendo la sala de murmullo color tristeza... pero no todo quedará ahí!, ya que el anciano Indio, cuasi celoso de ajenas peroratas, le regalará misivas oratorias a Shiva, Vishnu y Ganesh, lanzándolas como acto reflejo al inconsciente universal. "Salvas militares despidiendo al caído", nos diría la musa... "fanáticos", piensa la anciana Australiana mientras se encomienda a su propia suerte, sedada también ésta, sirviéndole así de muy poca ayuda. Ella es atea. Ella está sóla. No quiere un Dios, sólo verse privada de esta naturaleza que le mantiene con agónica vida.

"Y los ingleses destruyeron nuestros barcos y nos robaron todo, y son unos perros, y encima se quieren llevar nuestro peñón y..."- tose el anciano Español entre oraciones copulativas. En la cama de enfrente, el anciano Inglés sentencia, tajante, con británica flema "los españoles son unos muertos de hambre y, merced a los elementos y su propia soberbia, tuvieron lo que se merecieron"... entonces estallará nuevamente el fragor de la guerra anglo-hispánica. Cañones, polvora y metralla. Metralla tachonada en las palabras, y una muy sucia dialéctica por ambos bandos. Varios "porfavores" intentarán mediar entre banderas, pero sólo las taquicardias y violentas toses de posterior gris esputo, conseguirán acallar los tambores de guerra.
Al final, durante el horario de visitas, ambos ancianos rogarán a sus barbilampiños nietos que eviten el conflicto, que la guerra sólo mata y confunde a los pueblos. Que sí!, que somos distintos, pero también es distinto, y muy raro, el futuro, y , que qué mejor que trabajar juntos ante lo incierto?.

La anciana Somalí es muda, pero la incapacidad del habla no le frena a la hora de lanzar un certero beso al Terapeuta. Es su humana, e impagable manera, de agradecer al chico el noble gesto de separarle ambas piernas, rígidas, articuladas, esqueléticas, cansadas y doloridas, piel seca retazo de una bella y suave dermis envidiada antaño. Piernas como viejas ramas de un roble, como ramas que se quebran por una úlcera que nadie merece, como si de cuajo cortaran raíces.

El anciano Canadiense mide casi dos metros, y pesa más de cien kilos. A pesar de los años se mantiene activo y fuerte, y su piel todavía conserva tersura e hidratación, "mi padre fue muy guapo de joven, sabes?, todas las mujeres del pueblo le iban detrás". Y también es orgulloso, mucho!. Quién sabe?, será por esa misma tozudez por lo que le oculta al sanitario, que cada vez que va al baño encuentra sangre en su muda?, será porque no quiere ser dependiente?, o será porque tiene miedo y no quiere enfrentarse a una realidad que pueda quebrarle sus, otrora cultivados, músculos, sí, podría ser... "un exceso de tozudez", nos sususarría al oído la anciana Nepalí que, al contrario que el Canadiense, pide ayuda cada vez que quiere beber agua, "es que si no me da de beber el chico, la tiro toda por la mesa", nos dice riendo, riendo como un pequeño pajaro... "y me mojo no sólo por el agua que derramo, sino también por estas lágrimas de impotencia, lágrimas que tiñen de sal mi rostro de cartón", nos expresan, mudos, sus vivarachos ojos de avellana.

El anciano Afgano se ha levantado más enfurruñado que de costumbre "una mujer, UNA MUJER me han asignado como Doctora!, habráse visto, con la de hombres que hay en el hospital y me asignan una mujer, a mí!, y encima no puedo hacer nada, porque, claro!, como es un hospital públicooo. Maldita Sanidad, y maldita sea también mi propia suerte"... El anciano poco a poco se tranquiliza. Pero no se tranquiliza por que él quiera, no, se tranquiliza porque el tamborileo trepidante que siente en el pecho se lo dicta. Tal traqueteo es el que le llama a la calma y a buscar un comportamiento conciliador. Cuando se calma, se recuesta. Moldea las cuatro almohadas que le sirven de un configurado casero trono, y acopla su espalda, ajustándola. "Discúlpame, cariño", le regala versos a su guapa nieta, "qué tal la Universidad?, acabarás pronto ya, no?, sé que te irá muy bien, eres una de las mujeres más listas que han pasado por mi vida, mucho más lista que yo, qué duda cabe!, seguro que llevarás de cabeza a tus profesores, verdad?, y seguro también que cuando vas a... el hombre intenta adecuar sus pensamientos, sabe que algo es incorrecto en su discurso, pero no sabe qué, tampoco lo dice, porque tiene miedo y no quiere alimentar su confusión. Todo el mundo sabe que es una idea repetida, que la nieta hace años ya, acabó la Universidad y ya tiene un trabajo, pero tanta idea de cambio no le gusta a la Señora Demencia, por eso no se lo cuenta al cerebro, que permanece ajeno a tales menesteres.

"Siempre juntas, míralas, ahí están, embobadas mirando las plantas", gruñen otras pacientes al verlas sentadas en el banco del huerto. "No sé qué tienen con el jardín, pero se pasan las horas muertas ahí, parece ser que de jóvenes fueron buenas amigas aunque, claro, la negra no se acuerda de nada, seguro...". Y son ciertas tales palabras, no nos engañemos. Ciertas en gran medida, de hecho. La anciana Argentina le explica a la anciana Etíope cómo mantener las tomateras en buenas condiciones, cuándo regar, cuánta cantidad y cuán importante es hablarle a las plantas, sí, porque, por el hecho de no moverse no van a dejar de ser seres vivos, no?, y todo ser vivo necesita entablar una comunicación, porque si no, se aburre, y el tedio lleva al cansancio vital, y si te aburres de la vida... "yo no me aburro contigo", enuncia calma y pausadamente, la mujer de ébano. Un extremo de su boca se abre para dejar paso tal máxima que, como un suave hilo de seda, recorre la superficie labial seca de la mujer. La oración dibuja el contorno sonriente de tal paisaje carnoso y confluye, agradecida, en el oído receptor de la argentina. "Yo tampoco contigo, por eso te quiero aquí, conmigo, observando la tierra, como antes, te acuerdas?...". Es posible que se acuerde de todo, o de la mitad, o de un cuarto... o de nada. Bueno, de nada, no, siempre queda algo, las caricias lo dicen, y también es posible que lo recuerden los sueños de manera inconsciente. Seguro que la mujer recuerda muchos pasajes en estado REM, cuando todo era muy difícil, requería mucho combate y mucho esfuerzo, cuando todo el mundo sospechaba de un estado incierto entre ellas y acciones, y gestos, empañados de duda y sospecha. Aquellas caricias de ayer son las caricias de hoy, las mismas, orquestadas por cerebros destrozados y constituciones raquíticas, pero dirigidos por una batuta inteligente movida por algo casi literario y poético.

El anciano Búlgaro...




Viajamos, descubrimos, conocemos y entendemos, amamos - engañamos, destruímos y guerreamos. Perdonamos. Luchamos, ganamos (perdemos), caemos, nos levantamos.
Vivimos.

El caso es que al final todo el mundo acaba en Mundalia. No hay colores. No hay sexos, ni religiones. No hay tendencias u orientaciones. Sólo hay el mundo que nos queda, el recuerdo del que dejamos atrás. Con suerte, nos acordaremos de éste último.

Al final sólo queda Mundalia, y ahí acabamos... con nuestras cosas.