Hola, te quieres acostar conmigo?
Con ella es con la que mejor me compenetro.
Con ella no hay necesidad de alcohol o promesas inalcanzables. No necesito el esfuerzo de bajar Lunas a su cama, ni necesito rebuscar en mi alma esa llave capaz de abrir corazones. No hay mitades, sólo un "uno" sin quebranto.
Retozamos.
"Me quieres?", le pregunto. "Claro que te quiero, eres lo que más quiero, ya lo sabes, te lo dije ayer y te lo diré mañana", responde. La miro, y quedo convencido de ello.
No he necesitado rimas o sonrisas bonitas, esta vez no he usado aquel verso que lleve al beso y que, perpétuo, suele funcionar.
Seguimos retozando. No nos faltan sábanas, ya que sabe dónde y cómo ajustarse. Disfruto del frescor de cada esquina entre almohadas, y no me pide nada, salvo respuestas a aquello que deseo. Siempre complaciente, nos entregamos a la marea que es el sueño, ése que es como una suave ola que desemboca en la futura playa que será la mañana.
Despierto y, como siempre, ya no está.
No está, aunque no se ha ido. Siempre me hace lo mismo.
Otras llaman (llamarán) a la puerta. Rasparán conciencias, y tocarán pulpas sensibles intentando herir mi pecho, me gustaría, de manera perpétua. Sin embargo sé que ninguna lo conseguirá... salvo ella, que me despierta cada mañana sin pedirme siquiera un beso, que, sabe, siempre lo tendrá reservado.
domingo, 28 de diciembre de 2014
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