viernes, 20 de noviembre de 2015

Vida

Es en el trabajo donde todos me preguntan desconcertados, con la cara pintada de atónitas esferas "pero, y entonces, Jose, cuando no estás haciendo nada, qué haces?, porque yo me tengo que conectar, o miro el correo, o reviso Facebook, o hablo con gente que..."

Cuando eso pasa yo me pongo a pensar.
Pienso.
Pienso mucho, la verdad. Creo que, de hecho, cada vez pienso más. Veo crecer mi mundo reflexivo, lo expando, y lo alimento con pedazos y fotografías retocadas del otro mundo, del real, bueno, del más real.

Pienso mucho. Sano autista.
Pienso hasta el borde de pasarme de parada y llegar tarde por haber hecho noche en la luna de Valencia.

El otro día, un Lunes, volvía de un training, vamos, de un cursillo impartido por el hospital. Una de esas charlas pretendientes de una pareja con la que interactúe, pero que sin embargo acaba en un triste divorcio desprovisto del cuento de las arras y los anillos... no fue tan aburrido, de hecho, y aparte nos dieron café.
A lo que voy... tras la pertinente escala (pertinente para mí) en la planta, y consecuente actualización empática de penas y dolores ajenos, volví a mi feudo sin princesa.

Brixton.
6 de la tarde.
Gente.
MUCHA GENTE.
Toda la gente del mundo, y un poco más de gente capaz de hacer imperativo el verbo "estresar"

Observo al Inglés: alto, rubio, pálido, ciertamente pálido en contraste con la gris nube del exterior. Viste tras su nariz un semblante un tanto arrogante, tan arrogante, que desplaza señorial al cuerpo que lo contiene a traves de una marea electrónica de cuerpos conectados en serie. Cuerpos con rayas en la cara, desdibujados tras mi pestañeo arropado entre nanas ya de por sí adormiladas...

Han parado las escaleras mecánicas. Copón, porqué han parado las escaleras?... al menos recortan en eso, en España hubieran recortado en Enfermeras y Profesores (pienso). Remontamos la cumbre que nos vomitará al lecho social de la vida y, no, espera!, ESPERA!, alguien grita. Una mujer.




El tiempo se para.
Ni siquiera llega a ir muy lento, como sí lo hace en una de esas películas del género "miracomoenMatrix"




Piensas en gente, en mucha gente, bueno, tampoco en mucha, en la señalada. En la familia cercana, en tres o cuatro amigos. Piensas en aquello que dejaste hacer y que, pudiera ser, ya no tengas la oportunidad de hacer. Piensas en aquel ideario, en aquellos planes que acabaron en futuro incierto celoso de unos pocos presentes "nosotros hacemos, yo voy contigo, yo río... yo perdono... amo"
Recuerdas la desdicha de aquel gesto ordinario que, ni siquiera pensaste, tu persona fuera a ser capaz de generar. Dardos en los ojos, embebidos de nula compasión, viajando certeros hacia la diana del alma más pulcra y vulnerable. "Lo siento", lloran las palabras entre daños ya causados, buscando arrepentidas el arca perdida del perdón.
La estación concurrida que es tu cabeza no da crédito "de dónde viene toda esta gente?, joder, nunca pensé que mi alma tuviera tantos recovecos". 
Entonces te preguntas "y si lo es?, que hago?. Salgo corriendo?, me pongo a ayudar?. No tengo experiencia en Urgencias, pero aunque fuera lo intentaría, seguro" (sabes que lo intentarías, dar un poco de tu vida a cambio de otra ajena, es aquello para lo que vales)

No te fijas en la botella, te fijas en el líquido que contiene. Es rojo, como el tuyo. No tiene sexo, ni sabe nada de pieles o entes sobre las nubes. Son cadáveres que acabarán siendo del color de la tierra, sólo que sufren un estado de transición de, 70?, 80?... 20 años?. Porque hay cadáveres de esos desgraciados que ni siquiera alcanzan los 20, y no es por culpa de ellos, sino del llorado poema que recitan sus vidas.
Porque no hay muertos de primera, segunda o incluso tercera categoría, no seamos tan cínicos, relevemos ese etnocentrismo al lugar que en el diccionario le corresponde, allá donde se ocultan esos libros que deberíamos leer regularmente, aquellos que hablan de viajes y apertura de ideas.

Podría pasarme horas hablando de compasión, de solidaridad, de lazos en solapas y banderas desplegadas en torno a cirios de iglesia.
Prefiero hablar de vida.
Prefiero hablar de respeto.