martes, 9 de diciembre de 2008

Negro

tic (cierro).
TAC (abro).
tic (cierro).
TAC (abro).
tic... decido dejarlos cerrados.

Sigo tumbada como antes. Pero aprecio una diferencia. La diferencia entre la soledad y la compañía.
De ojos abiertos para fuera me encuentro perdida, sóla, apartada de la multitud que me declara individual, me separa de ella con una fina malla tejida de indiferencia, me encuentro así sesgada del resto, alejada por el hecho de ser distinta, más distinta aún para ellos, algo que califico de "opaco" por calificar de alguna manera elegante... ellos lo llaman "es rara".
Esta malla viene plegada, cuarteada en múltiples esquinas invisibles que se desplegan silenciosas. Circulan en torno a mí cuando me despisto, se ocultan cuando indago en torno a los demás, a las razones que fecundan prematuras mi "apartheid", el racismo conductual que generan los demás en torno a mí, "eres rara, distinta, aléjate, lejos, lejos", como una letanía más que prolongada en el espacio que araña mis sentimientos "vete, vete, vete...". Es indiferente para ellos el rasgar mi conciencia, el herir mi cualidad de persona y por encima de todo el punzar mi corazón con palabras y miradas hirientes, con conductas maliciosas.

Por eso, para permanecer sola entre una masa perniciosa, tumoral para mi persona, decido cerrar los ojos y quedarme a solas, que es la mejor forma de estar acompañada.

No me encuentro sóla en sentido preciso. He consultado con mucha gente, enferma como yo y no enferma... en un sentido humano, puramente humano de la palabra, TODOS estamos enfermos, por el mero hecho de tener la cualidad del pensar, ya que ésta lleva muchas veces al fallo, a la equivocación, y tanto esto (innato), como el hecho de no reconocer el error (aún más innato), es lo que me hace afirmar que todos debemos guardar reposo (durante toda nuestra vida, por ejemplo). Bueno, el caso es que todos ellos me han dado la razón: no estamos sólos cuando cerramos los ojos. Innumerables pequeñas larvas blancas rondan flagelando por un fondo oscuro, desaparecen cuando abrimos los ojos, y vuelven a estar ahí en el preciso momento de apagar las luces retinadas.

En el plano físico de esta habitación, aquí atada, sí, me encuentro sóla, mas la sóledad se replega sobre si misma ofreciendo su extremo más radical cuando me relajo en el negro.
Somos yo y mis larvas.
Mis gusanos.
Es posible que sean los gusanos de mi cerebro enfermo, que intentan evadirse del cuerpo, pero no pueden por la boca ni por las orejas... pudiera ser que quisieran hacerlo a través de los ojos, ya que saben que en mi caso es una evasión más que loable, por el mero hecho de ser proyectados a través de mis lágrimas, ojos prolíficos en secreciones en estos días tan crueles.

Hoy por ejemplo, he realizado los pasos básicos para librarme de ellos:

Primero los he buscado, encontrándolos en mi propia soledad.
Luego, una vez encontrados, rondando indemnes e impasibles por mi mundo oscuro, los he instado a escapar, llorándoles. Me basta tan sólo levantar un poco de polvo para cerciorarme de que las alfombras que adornan mis tres estaciones, pasado, presente y futuro, se encuentran bastante deshilachadas. Una vez dado el paso del impulso húmedo, intento prolongar la corriente para eliminar el mayor número de gusanos. Pienso en lo desdichada de mi corta vida, en la agonía que ensombrecerá el resto de mis días de paranoica, y en la inestable fragilidad emocional de mis familiares y amigos, que me tendrán que soportar altibajo va y altibajo viene. Lloro y lloro, y elimino muchos de ellos, pero soy consciente de que este pensamiento es sencillamente otro fruto de mi maldición, ¿pensar que llorando me volveré cuerda?, sólo entonces lloro por desesperación, mi cuerpo entero se deja llevar junto a las lágrimas hacia el mar de la resignación, ahora ya somos un todo, y todo este desasosiego me porta rumbo a un oceano mucho más relajado, un mundo personal en el que siempre querría localizarme para no encontrarme jamás y continuar perdida, el mundo del sueño.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Blanco

Estoy despierta.
Abro los ojos y todo es nebuloso, blanco nebuloso. Supongo que la atmósfera envolvente será efecto del sedante, y supongo que el blanco que predomina es el techo. Sí, es el techo de la habitación, ya que al estar tumbada boca arriba lo primero que veo es la blanca casi impoluta superficie que me cubre.
El color blanco representa muchas cosas. Así como el rojo representa la pasión, el fuego y el impulso, el blanco en cuestión denota pureza y tranquilidad. Una habitación blanca induce a la relajación del que se encuentra en ella, uno puede regocijarse casi en cualquier cosa que le venga en gana pero siempre guardando una dosis adecuada de autocontrol. Nada conseguirá alterar al que piensa, nada le sacará de su ensimismamiento, salvo un cambio en la gama cromática del ambiente.

Continúo mirando al techo. Y sólo cuando me encuentro completamente perdida me percato de que tal estallido de blanca luz me empieza a irritar, "pero es un entorno tranquilizador", sí, pero a mi me altera. No se puede buscar y mucho menos conservar la cordura cuando permaneces atada a unas barras metálicas, aún a pesar de que el ambiente sea pura lucidez.
Reflexiono en torno al blanco:
Espacio.
Burbuja.
Vacío.
La Nada.
NADA.



Nada en torno a mis muñecas. No existe nada salvo lo tangible. Y lo táctil no me interesa, porque acaba defraudando. Quiero ser dueña de los sentimientos. No, no quiero abusar de autoridad y codicia, sólo quiero... solamente anhelo entender y poder llegar a comprender algunos pocos, aquellos que me asustan. La pasión desbocada y la pérdida del mando de mi ser.
En torno a esta habitación sólo hay objetos, iguales a otros tantos predominantes en cualquier estancia, con lo cual, en esta habitación no hay nada.
Fuera.
En el exterior está el pasillo, y a este lo componen muchas otras puertas que intentan ocultar algo más allá de sus cerraduras. Pero lamentablemente tras ellas sólo hay mas nada.
Y fuera del hospital imagino más habitaciones, todas ellas cerradas. Y también abiertas ,¡qué mas da!, el parche sólo es un engaño que intenta tapar con sábanas (¿blancas?) mas dosis de nada.
Con lo cual, el mundo a mi alrededor no me interesa demasiado.
Y veo que el todo predominante está compuesto de nada. Un vacio dictatorial que absorbe la esencia de cada elemento.

No tiene mucho sentido el ser integrante de un blanco. Y por ello me da miedo integrarme, ya que aventuro a imaginar que poco a poco iré desapareciendo hasta transformarme en otro hueco mas del ambiente, que hace y deshace cosas comunes, que realiza acciones de objeto dudoso, incoherente porque al final acabará, claro, siendo un poquito mas de nada.

Por ello, cuando las lágrimas me lo permitan cerraré los ojos y buscaré la antítesis de tal locura global, le pediré ayuda a la fortuna a que me ayude a encontrar al negro. Por que el negro sólo aparece para ocultar algo que no se ve, puede que sea malo, incluso caótico, pero puede ser que su búsqueda nos lleve a la bondad, o al menos a la tranquilidad que esta maldita ausencia no me proporciona.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Supongo que el primer día tras lo exaltado.

No recuerdo nada antes de las correas.
Las correas, me apretan, aunque no tanto como en previos episodios. Supongo que mi actitud alterada y ya pasada no fue tan destacable como otras veces.
Las correas me apretan, sí, me apretan.
Intento alojar algo mejor mis tendones. Me duelen. Sé que me duelen los tendones, sin embargo no acierto a ubicar los mismos entre vena, arteria y nervio. V-A-N, y los tendones, ¿dónde están los tendones?. Ciertamente, no sé muy bien qué es un tendón, sólo me doy cuenta ahora que quería darle forma en mi cabeza.
Y todo esto con los ojos cerrados.
Muy cerrados.
Percibo cinco intensidades agresivas, cuatro son iguales, las distales, brazo izquierdo, pierna izquierda, brazo derecho, pierna derecha. Estas cuatro son iguales. La quinta la podría considerar una heteroagresión (así la llaman, creo) ya que me la ocasiono yo misma en torno a los párpados, y es que cierro muy fuerte los ojos para que queden cansados y no vuelvan a tener capacidad de apertura, realmente "cerrar" no sería la palabra adecuada, ideal, conforme a la expresión que quiero difundir en torno a mi cuerpo atado, y circundado (me hace gracia la palabra "circundado", evoca libertad e higiene), la palabra más exacta sería "someto".
Quiero que mis retinas se vean sometidas a mis verdaderas intenciones, aquellas que no absorben el desvarío y el caos, esas que mi corazón y mi alma trágicamente marcada anhelan dar forma entre idas y venidas, entre olas, entre dunas, entre formas grotescas y palpitantes dadas al mundo por mi enfermedad, la que me hace estar atada contra mi verdadera voluntad.
Permaneceré con los ojos sometidos a los escollos de mi razón, en torno al barranco de mi psicosis, y me quedaré quieta hasta que quede inconsciente o hasta que alguno de ellos, mis benefactores agradecidos decidan liberarme de mi bien merecido e involuntario castigo.
Mientras, me dejaré mecer por la oscuridad, prendiendo el delirio entre dos tendencias antagonistas y otorgándoles la capacidad de duelo entre vaqueros. Espero que venza el sheriff y así ambos dos podamos fijarnos una estrella bien merecida, él en su camisa polvorienta y yo en mi pijama tachonado de vómito.