Padre e hijos contemplaban el cielo.
-Papá, ¿es este el horizonte teñido que nos comentaron en la escuela y oí en las noticias?, ¿es este el cielo encarnado que nos traerá un futuro mejor?, y si es así, ¿porqué siento un frío viscoso y helado en torno?, ¿porqué mi espíritu se muestra impaciente y, sin embargo, albergo un sentimiento de falsa esperanza que crece como lo hiciera de igual manera una traicionera ortiga?.
El padre pensó la respuesta, eterno en su ensoñación, mas fugaz en su réplica:
-Hijo, largos tiempos de hambruna hemos sufrido. Sequía hemos tenido en nuestras copas, y la más importante de las carencias en nuestros corazones hemos albergado, desde que mamá se fuera...pero desde aquí, hijo mío, desde la entrada a nuestro hogar te prometo un mañana en mejoría, recuerda mis palabras, y recuerda también este viento, ¿no lo ves, hijo?, es viento que arrastra de las copas de los árboles las hojas viejas, se lleva a rincones perdidos aquello mal pasado y con espinas.
No tienes que temer a tus dudas, ya que son el fruto natural que obtenemos cuando nos enfrentamos a algo nuevo y desconocido... ¡cómo el primer día de escuela!, ¿recuerdas?, llegaste asustadísimo, pánico y tú cogidos de la mano, niños nuevos, rostros que buscaban el amor que os damos en las casas, cada niño agarrado a las faldas de su madre, pensante de ser secuestrado y encerrado entre una abultada montaña de pesados deberes y sufridos quehaceres... y tras el llanto, llegó el consuelo.
Ahora es posible que no tengas pan en demasía para el desayuno, pero te sobran los momentos compartidos con tus compañeros y, ¿qué me dices de esas fabulosas y mágicas historias de almohada que nos regalas a tu hermano y a mí antes de las diez? - el hombre, emocionado, trago saliva y forzó fuerzas para disimular una casi lastimera frase bañada en sentimiento- , aquellas que a su vez permitían a tu madre regalarme una sonrisa previa al sueño...
Sólo es un bello mañana el que nos espera tras este rojo horizonte, te lo juro ("me privaría del cariño que me aferra a tí si no llegara a convencerte", le susurró a sus entrañas con el más recio de los convencimientos).
El niño se conmovió y cerró ,todavía más fuerte de lo que asustado hiciera, sus delicadas y finas manos alrededor de la pernera del pantalón de su padre.
Allí estaba seguro, nada podía pasarle, salvo cosas buenas. Eran mentira todas esas historias que había leído en Internet y en los diarios electrónicos de su hermano. Si su padre decía que los Visitantes eran la seña material de que todo iba a ir a mejor, no podía ser mentira. Papá nunca se equivocaba.
Papá podía predecir de un rápido vistazo al cielo si hoy era un día para recojerse en casa por la lluvia que aún no hubiera llegado, o si se podría salir al jardín a jugar...era Papá el que conocía el significado de todas aquellas palabras extrañas de los libros de su hermano, era él la persona a la que acudían los vecinos cuando se estropeaba algún sistema electrónico o era menester la reparación de cualquier otra cosa.
No, no podía equivocarse y, desde luego, la imagen de una mentira ni siquiera consiguió enturbiar de forma pasajera su mente.
Seguro que mañana mismo podrían regar los campos con el agua que Ellos traerían. Los frutos volverían a pintar con colores los ahora áridos pastos, y dentro de muy poco, la mesa albergaría algo más que tortas de harina y semblantes oscuros.
El niño tiró hacia si del bolsillo del pantalón del padre, éste, advertido, giró su preocupado semblante hacia el suelo, donde su hijo esperaba ansioso el entregarle un presente en forma de beso en la mejilla.
El padre se agachó, forzó una sonrisa de artista y su hijo le dio la más cálida de las caricias, luego se marchó corriendo al jardín a jugar y continuar imaginando.
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1 comentario:
Jatte bra!!
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