Dime qué ves cuando me miras?.
Sé que intentas ir un poco más allá, que más que mirar quieres comunicar,
que tu mirada no está tan perdida como rezan los síntomas del libro,
que tus ojos se aventuran a salir de las cuencas donde está contenidos
para recorrer todos aquellos lugares a los que tus muertas piernas no te pueden llevar.
Tú otra vez, mi amigo.
Compañero y espía de aquello de fuera de mi mundo.
A que pobre alma has enriquecido hoy con tu presencia?,
seguro estoy que más de uno abandona su desgracia personal
mientras rondas tú en torno partiéndote en trozos por la búsqueda de aquello
que no aprendiste en la Universidad,
y que es la manera de llegar a diario a un sitio parecido a las estrellas,
y que tú consigues por medio de una sonrisa y un puñado de bellas palabras.
Yo aquí y tú allí, muy lejos.
Lejos de mí y mi físico, y quizás más distante aún del concepto de ser humano,
a millas evidentes de cualquier trazo de humanidad.
Y sin embargo pienso y te encuentro cerca de mí, dándote yo la mano al borde del barranco,
caída mortal, y estrechándome tú la tuya con la fuerza de tu alma.
Casi polos negativos en plena atracción.
Le doy la mano y mi entera comprensión, y ni toda la vasta extensión arenosa del más infinito desierto convertido en oro, podría equipararse en valor al cálido agradecer de aquella mueca futuro sonrisa.
Amigo eres luz en pasillo cerrado.
Eres los labios mojados del sediento.
Eres la esperanza del que nada tiene.
Eres tantas cosas como pudiera ser el verbo ser,
y para el caído y el que ya es parte del suelo,
te transformas en algo más imprescindible que el ser,
ya que no sólo "eres", sino que también "estás" si la clemencia lo solicita.
Desde cuándo treinta y cinco es sinónimo de penuria?.
Sólo inténtalo.
Porqué yo gozo saludable y tú sufres enfermizo?.
Dale aquello que merece.
Fe en qué?, ¿en la caída?, ¿en la tragedia?, cambio creencia por equidad.
Un último hálito. Algo de vida. Haz que los dados tiemblen. Juega de nuevo.
Cómo puedo verme reflejo en el espejo?, no soy vampiro, pero quiero carecer de alma, porque el alma es vida y no entiendo tal cruel reparto.
Te queda el pensamiento. Nos queda la intención. Y la voluntad son las riendas. Sólo tómalas y corre.
Cambiaré de rostro para mirar el nuevo día?, o mejor, ¿me quedará valor para juntar las horas y esperar a mañana, conservando hasta entonces la nueva cara?. No me queda verguenza, no tengo el valor de entrarle al día y morar en él, cambiando de maquillaje y siendo actor forzado para llegar a fin de mes.
Hazlo por él. Hazte valer por última vez, ¡aunque revientes!. Muéstrale respeto.
Entonces se abre el cielo, y en el horizonte aparecen dos soles más resplandecientes que el sudor de una madre tras el alumbrado.
Los ojos son vidrio que trema, y el cristal estalla sin quebrarse, dando una lágrima como resultado que desciende lenta, casi agónica como las acciones del paciente, por una de las mejillas, en concreto la más cercana al corazón del verde ángel.
Sin aliento, me hace agarrarme a la baranda.
La tomo con fuerza, ya que mi corazón hecho pedazos me trastoca el equilibrio.
Tomo la lágrima con la mano, y esta me pide con segundos contados, clemencia, tiempo que duele para ambos. La gota se evapora, al igual que la fuente original, sólo que esta lo hará mucho más lentamente, más cruel y de manera más agónica, durante quién sabe cuánto tiempo, que seguro será eterno, perpétuo, germinando un fruto doloroso al cual nunca uno puede acostumbrarse, ya que siempre va in crescendo.
Por eso le digo "adiós".
No me guardo mis lágrimas para casa, se las doy, porque ahora son también suyas.
Las combino y las empujo con el émbolo. Le presento al desvalido, que en breves evitará su caída, le pondrá alas y se alzará.
Ahora sólo le digo adiós, aunque esta noche le vaya a ver, y también mañána y al otro, incluso si cabe y mi desgraciada memoria me lo permite, en cualquier futuro, ya que ha sido un trayecto de la vida, y el sólo ver puntos en el cielo o sentir brisa que aclare las nubes, me hace evocar justa libertad, y por lo tanto lo evocaré a él.
Poco a poco el mar que tengo dentro se tranquiliza.
Ya no hay cataratas en la frente, ni rápidos que azucen mis manos.
Sólo hay un mar en calma en tranquila corriente.
Y las aguas se acercan a una cascada iluminada.
Y salto.
...
Y entonces vuelo.
jueves, 18 de junio de 2009
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1 comentario:
me gusta tu texto es realmente bueno dices tanto en el, en fin es muy bno cuidece!
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