lunes, 13 de julio de 2009

Madre, yo no quiero ir a la guerra.
A Padre dígale al contrario, no se muestre retraída
ni muestre desengaño.
Hágale ver que su único hijo varón fue un valiente,
y que vuelva o no de las trincheras
el último tiro lo habrá dado siempre en honor a su bandera.

Madre, a la guerra yo no iré.
No acudiré aunque el presidente me llame,
no calzaré las botas ni ajustaré mi guerrera,
pero a Padre dígale que con orgullo su camisa gris habré manchado
del barro del camino, de la sangre del caído.

Madre.
Yo no soy un héroe, ni quiero ser recordado entre un sinfín de lápidas
No seré uno de entre tantos en los libros de historia,
que formando un ejército sea recordado en los examenes del colegio,
prefiero ser nombre y apellido en la mente de ustedes,
porque sé que cuando se reúna la familia en torno a una vela, o el trinchar de un pavo,
permaneceré innombrable, pero siempre perenne y con asiento reservado.

Madre.
Sea mas corajosa que yo.
Que no caiga la lágrima de la verguenza,
que caiga la del orgullo,
y que Padre me recuerde no como el que se fue,
sino como el que no volvió.

Madre, casádome.
Yo no quiero ver un último amanecer antes de que caigan barras y estrellas sobre mi rostro,
la única estrella que quiero ver todos los días antes de cualquier cosa es la cara de mi esposa,
su bello rostro, su limpia sonrisa,
prefiero privarme de los galones por los cuerpos tiroteados,
que cubrirme de desespero por un corazón roto.

Madre.
Mi patria no es el país que veo desde el cielo, es mi hogar y el aire que respiro.
Mi bandera no es el sudario de mi ataúd, es el cálido manto del atardecer junto a mi mujer.
Mis armas?, mi trabajo y el forjar de un nuevo mañana para los míos.
Mi destino, ¿cuál es mi destino?, ¿el promover una salva hacia las nubes?,
¿el quebrar de un disparo las raíces una familia entera?, hijos, hermanos a los cuales nunca pude conocer, y nada nunca me hicieron... no, tal vez ése sea mi destino, tal vez eso sea lo creado para mí, mas me niego.
Por eso Madre, a ojos de mi padre permaneceré furioso y guerrero ante el invasor, para el resto doy la vuelta sobre mis pasos y me arrodillo a la espera del desprecio fruto de la cobardía y la rebelión.

Madre, soy un cobarde.
Pero soy un cobarde vivo que puede reconocerlo,
no un muerto cuyo coraje en batalla sean otros los que relaten.
Seré un alma furtiva que desde la lejanía se aproximará en forma de recuerdo,
como el hijo perdido, como un loco enamorado de la vida.

Madre, yo no digo "adiós", si usted no quiere.
Usted no es mentirosa, pero sí sabia como toda madre lo es,
y bien es sabido que una mentira la acepta Dios si es de objeto piadosa.
Ruégole acepte mi decisión intolerable de jugar con Padre,
porque cuando llegue el momento de caer el oscuro telón,
me gustaría que mi padre pudiese recibirlo con la frente bien alta,
y que así su alma pueda elevarse mucho más arriba,
mirada altiva, cariz perlado de orgullo.

Madre, a la guerra yo no iré porqué quiero oírla ser nombrada abuela de una boca que esta por venir.

1 comentario:

HARGOS dijo...

precioso , un abrazo