Susan y Alex son turistas de Estados Unidos.
Han llegado a Barcelona por la mañana, y todavía les queda algo de camino por recorrer hasta culminar su objetivo. El objetivo de todos los años.
Susan es ama de casa, trabajo a ojos legales no reconocido, y a los morales de sobrada apreciación. Alex trabaja en una tienda de música, vendiendo acordes y regalando la intención, según él, de conseguir abrir alguna joven mente por medio de historias de juventud.
Ella es menuda, su peso rondará los cincuenta y tantos. En torno al metro sesenta de altura, ahora sesenta y pico, engañado por sus zapatos de alta suela.
El es el americano medio que visualizamos en las series tipo comedias de televisión. Cercano al metro ochenta, pesará sus "ochenta y", lo que le confiere un aspecto afable asegurado por su carácter abierto.
Ambos son pálidos de piel.
Ella se presenta convenientemente maquillada y vestida, como una de esas pudientes señoras extranjeras, que acuden a zonas de playa mediterráneas para degustar un dulzón cóctel mientras observan la playa, e intentan conseguir que alguna mente imaginativa les haga parecerse a Audrey Hepburn. De igual manera que su marido Alex, es de carácter abierto y tolerante, goza de una moderada cultura adquirida en la universidad por medio de una filología superada, y de una carrera de artes truncada por cuestiones de salud.
El aparece mucho más informal que su mujer, viste tejanos y una camisa oscura poco acorde con el caluroso verano de la ciudad condal. Calza zapatos negros envolventes de unos llamativos calcetines blancos, "no te pongas calcetines blancos con los zapatos negros, Alexander", le regañó de forma amable Susan momentos previos al cierre de la maleta, mas Alex divagaba y no escuchó a su detallista mujer. Alex ha vivido por y para la música, ya de adolescente trabajó en la tienda de su abuelo, abrillantando saxofones y calibrando cuerdas de violas y violines. Más tarde, y junto a su padre, llevaría el negocio hasta quedar al frente, donde tuvo que adaptarse a tiempos modernos e introducir junto al piano de cola, guitarras eléctricas y pedales para las mismas. Lo que más le molesta, la llegada mensual de material de lectura de heavy metal, "metal hammer" y "kerrang" le hacían situarse en el medio de un conflicto generacional... pero él trabajaba cara al público, y, ¡qué demonios!, le encantaba relatar a aquellos jóvenes macarras sus correrías en aquel lejano Woodstock del 69, "aquello sí molaba", susurraba entre melancólicos recuerdos a aquellos fanáticos de Ulrich y Hetfield.
Para Alexander Smith, Woodstock 69 molaba, no sólo porque allí pudo compartir su estado lisérgico con Hendrix o Joan Baez, sino porque fue en ese memorable concierto donde se enamoró locamente de Susan.
Han aterrizado en el Prat a las 10:30 de la mañana, tras una barbaridad de horas disminuídas en sólo un puñado por la química del Lorazepam.
Cansados ambos dos, y todavía casi durmientes, recogen su equipaje y se dirigen a una cafetería para tomar un café y comer algo, ya que el hambre aprieta y Alex ha pasado un montón de horas sin comer nada, y eso su particular metabolismo lo acusa sobremanera. Visualizan un "Café y Té" y se sientan en la primera mesa con la cual se topan.
-"Qué quieres, cariño?"- pregunta él.
-"Pídeme, por favor, un café con una bola de esas de helado, anda... y un bollo, una rosquilla, lo que quieras"- responde con cariz cansado ella.
-"Ahora vengo".
-"Eh!"- susurra ella- "te quiero".
Alex se dirige a la barra, y tras una breve charla con la camarera acerca del "bullicio" (palabra nueva que acaba de aprender durante el vuelo) y el gentío que supone trabajar en un aeropuerto, regresa a su silla trayendo, para él, un café con leche y una de esas napolitanas de chocolate, para ella un trabajado café con una bola de helado con virutas de chocolate y otra napolitana, ésta, de crema.
-"Qué te parece ese café, Susan?".-Le pregunta sonriente Alex. -"Muy bonito, gracias, seguro que está delicioso".- Sonríe agradecida a su marido.
Susan comienza a saborear el café. Está realmente bueno. Las primeras cucharadas son muy sabrosas, pero luego se vuelven amargas, y Alex lo estaba previendo, deja sobre el platillo su napolitana, y se acerca a su mujer arrastrando la silla, observa como el labio inferior de ésta comienza a temblar, pasa su brazo derecho tras el hombro de Susan y deja que descargue sobre su pecho, su ahora lloroso rostro y su quebrada alma.
-"Cariño, no teníamos porqué volver, tu sabes que..."- pero el lamento de su mujer interrumpe su intento de consuelo.
-"Le quería tanto... era mi vida... tú y él"- continúa entre lágrimas.
-"Susan, el venir sólo nos trae dolor, porque es recuerdo, y justo esa es una parte del pasado que ambos queremos olvidar".
Susan se calma ligeramente, algo controlada tras un lógico estallido emocional, mira a su esposo y acaricia su mejilla sonrosada. También él quiere llorar, pero sabe que uno de los dos debe conservar, aunque sea en apariencia, el equilibrio, la cordura anímica, y visto lo visto, y tal y como sucede en años anteriores, es él quien debe adoptar tal rol.
-"Prométeme que nunca te irás. Sólo me quedas tú. Tú eres mi mundo y eres lo que más quiero junto con el recuerdo que, aunque no quiera, me mata y castiga"- le dice entre terminales sollozos.
-"Cariño, sin tí no me queda nada, salvo el cielo para compartir contigo, ahora sécate esas lágrimas que te hacen parecer algo menos bonita de lo que en realidad eres."- le consuela paciente Alex.
Algo más que infinitamente agradecida, le da Susan un beso de valor una vida, y con el querer en la conciencia continúa aguantando el tiempo hasta que consume su café...
Y mientras, la gente deambulaa por el recinto, a su lado, Alex observa casi melancólico a un joven excursionista, recuerdo personal reflexiona, de tiempos mejores, que se sienta su lado y con vivaz mirada observa a clientes y camareros.
Alex tiene 63 años, y Susan, 58.
Portan únicamente una maleta de viaje para ellos dos. En su interior, lo necesario para una estancia veraniega corta. Lo necesario para una corta travesia entre Barcelona y un pequeño pueblo costero, lindante con el mar y el recuerdo.
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