Germán Coppini fue el primer cantante del grupo punk español "Siniestro Total". Los ahorcados que se mueren empalmados, la burda circunstancia de que me pique un huevo, o la infantil rima conseguida por un Ayatolah que me toque la pirola, fueron temas de base llamativa, de hecho rompedor y largo alcance (ya que todavía hoy se escuchan, y mucho, en redes sociales)con objeto de despertar alguna conciencia dormida. Era punk, el punk español de los 80. El riff guitarrero muy alejado de un pentagrama, empapado éste en cocaína de backstage... luego vino la voladora, la elíptica heroína y sus jeringuillas compartidas. Y toda esa gente, o una gran masa de la misma, murió arropada por el mortal acrónimo que, aún a día de hoy, resulta ser el SIDA.
Mi hermano me manda un vídeo, más o menos reciente, del fallecido Coppini. Muy alejado éste de la protesta y el talante disconforme hacia el todo. Lo abriga una orquesta sinfónica de trajeados chaqués. Al término de su monólogo entonado, un vítore común cierra de improviso los cuatro minutos y pico, durante los cuales, el vídeo se desarrolla.
Este hombre murió con 52 años, si no me equivoco. "Porqué escribes siempre de cosas negativas?, escribe algo divertido, que pueda leer", me dijo en cierta ocasión mi padre. Y tiene razón, nunca lo he negado. El tono negativo de la palabra siempre ha primado en todo aquello que mis dedos han rasgado en este rectángulo de caracteres desordenados... y sabes qué?, me gusta más así.
Gente que se muere. Gente que vive pero acompaña a alguien que se muere. Abuso de repetición?, peco de aburrimiento?, no sé, y si lo hago, me da igual.
Esta entrada es curiosa, sí. Normalmente siempre que escribo es porque lo he meditado durante unos días, qué tema tratar, desde que punto de vista enfocarlo, objeto y propósito, quiere agredir algo que deba ser agredido?, es algo que he experimentado?, una tarea que me quita el sueño por que se haya visto realizada?, o porque todavía deba constituírla material?... esta entrada me ha surgido espontánea al ver a un hombre, llamémosle "normal" que, a mitad de su vida se vio obligado a decir adiós, y lo hizo con micrófono, para que todo su auditorio lo escuchara. Yo no sabía que ese hombre era el tal Germán Coppini, pero sí conocía su música, todavía guardo cintas TDK grabadas y regrabadas con temas agresivos de aquellos que se escupen al hablar, de aquellos que se cantan con calimocho o cerveza empujándote en un hueco cualquiera, de un bar cualquiera, un día cualquiera de una de tantas cualesquiera vidas que pasan por esta que es nuestra particular y efímera vida.
No sé bien qué he escrito, pero supongo que lo necesitaba... aunque no esté bien redactado.
Resulta también curioso que lo haya escrito ahora, muy cercanos ya al ocaso de este agonizante 2013. Ojalá sea un buen presagio y logre el sangrado de mis huellas dactilares.
De todas maneras, gracias por leer.
Mientras tanto, bebo café.
martes, 31 de diciembre de 2013
sábado, 27 de julio de 2013
Londres da asco.
Londres da asco.
Londres da asco porque tras año y medio no cumple las expectativas que me había imaginado.
Me repugna el hecho de que se le considere una tierra prometida cual Israel, un éxodo obligado para todos los emigrantes del mundo que, aquí, van a encontrar un mejor trabajo, un sueldo todavía mejor pagado y un progreso notable que contar a familiares vía Skype. Una tierra prometida marcada por quemaduras de una aceitosa plancha pintada con patatas fritas, y alitas de pollo de días previos al antesdeayer... "Por lo menos tengo trabajo, que ya es algo, y aparte, aprendo inglés", le comento cual cantinela a mi compañero de piso, también español.
La ciudad de la ojera. La ciudad del mal sueño en la marquesina del metro. La ciudad de la desidia ahogada por una sucesión de negras pintas… Tránsito de borregos que de Lunes a Viernes interpretan una comedia de supervivencia al más puro estilo aventurero. Frenética Odisea de ríos de cerveza, drogas fáciles y sexo efímero durante el fin de semana… un suicidio controlado que da lugar a un nuevo nacimiento para afrontar un inevitable Lunes.
Semana en espiral de 365 vueltas.
Entonces pienso en un tren que descarrila. Y pienso en aquel durmiente pasajero que, protegido por el sueño, muere tras una violenta conmoción cerebral contra el techo de un vagón. Observo las fotos de familias destrozadas que, desde el descarrilado, nunca lograrán escapar de la horizontalidad que ahora dibujan sus vidas. Una horizontalidad cuyo único respiro se produzca tras el cierre de su propia tumba.
Veo vidas vacías, que sólo caminan con pies de cuerpos vacíos a lo largo de una repetida calle, plena ésta de miradas también vacías, porque este vacío sólo se llena de agrios momentos de crisis de pánico, de llanto, y de dolor. El resto?, el resto es sólo eso, la Nada.
No hay psicólogo, no hay pastillas, no hay abrazos ni palabras bonitas, sólo el consuelo de que la vida es un día más corta. Un día menos para que un extraño te derrame arena en la cara.
Entonces pienso que el que da asco… soy Yo.
Londres da asco porque tras año y medio no cumple las expectativas que me había imaginado.
Me repugna el hecho de que se le considere una tierra prometida cual Israel, un éxodo obligado para todos los emigrantes del mundo que, aquí, van a encontrar un mejor trabajo, un sueldo todavía mejor pagado y un progreso notable que contar a familiares vía Skype. Una tierra prometida marcada por quemaduras de una aceitosa plancha pintada con patatas fritas, y alitas de pollo de días previos al antesdeayer... "Por lo menos tengo trabajo, que ya es algo, y aparte, aprendo inglés", le comento cual cantinela a mi compañero de piso, también español.
La ciudad de la ojera. La ciudad del mal sueño en la marquesina del metro. La ciudad de la desidia ahogada por una sucesión de negras pintas… Tránsito de borregos que de Lunes a Viernes interpretan una comedia de supervivencia al más puro estilo aventurero. Frenética Odisea de ríos de cerveza, drogas fáciles y sexo efímero durante el fin de semana… un suicidio controlado que da lugar a un nuevo nacimiento para afrontar un inevitable Lunes.
Semana en espiral de 365 vueltas.
Entonces pienso en un tren que descarrila. Y pienso en aquel durmiente pasajero que, protegido por el sueño, muere tras una violenta conmoción cerebral contra el techo de un vagón. Observo las fotos de familias destrozadas que, desde el descarrilado, nunca lograrán escapar de la horizontalidad que ahora dibujan sus vidas. Una horizontalidad cuyo único respiro se produzca tras el cierre de su propia tumba.
Veo vidas vacías, que sólo caminan con pies de cuerpos vacíos a lo largo de una repetida calle, plena ésta de miradas también vacías, porque este vacío sólo se llena de agrios momentos de crisis de pánico, de llanto, y de dolor. El resto?, el resto es sólo eso, la Nada.
No hay psicólogo, no hay pastillas, no hay abrazos ni palabras bonitas, sólo el consuelo de que la vida es un día más corta. Un día menos para que un extraño te derrame arena en la cara.
Entonces pienso que el que da asco… soy Yo.
viernes, 28 de junio de 2013
Grace
Del ensimismamiento en torno a una voluta de humo, me saca un quejido lastimero y una larga sucesión de improperios hacia mi persona: "cabrón, ¡viejo cabrón!, qué me has hecho?, suéltame, hijo de puta"...
El bastardo yace en el suelo atado de pies y manos en torno a un poste de madera. Al estar legado en torno a dicha columna, sólo puede girar y girar, sirviéndole sus pataleos como única brújula de un torpe y espasmódico reptar.
No digo todavía nada, sólo le observo:
Veo un cuerpo indefenso que se encuentra asustado, como si se encontrara fuera de su medio o hábitat natural. Al ser todo en torno extraño, reacciona de manera violenta como diciendo "aléjate de mí, puedo hacerte daño, no me toques", pero sólo es un mecanismo de autodefensa. El miedo nos hace generar tal reacción solamente para impresionar... como un arma pacífica de suplica.
Tras su perorata de agravios llega la sumisión. Ya no hay nada que ocultar, ya no tenemos coraza que nos proteja ante un superior ataque, sólo nos queda rendirnos y mostrar pleitesía: "qué quieres?, que te he hecho yo?, quieres dinero?, te daré dinero?, que he hecho?, por Dios"...
Todo ser humano, creyente o ateo, pone de manifiesto a Dios cuando no encuentra otra salida posible, cuando se encuentra indefenso. Suplicamos ayuda a Dios aunque no creamos en Él, como si de golpe y plumazo nos hubiéramos convertido en el más devoto de los creyentes.
"De tí no quiero nada" - le digo. Y aspiro profundamente masticando neuronas para facilitar el proseguir de mi discurso - "Sólo querría una cosa, pero todavía no eres capaz de resucitar a los muertos, verdad?, aun no eres capaz de engañar al tiempo.
El cabrón me observa con ojos de vidrio, como intentando arañar la superficie de mis palabras y llegar así al germen de las mismas. Tras unos instantes de balbuceo e infantil lloriqueo, su mueca de desespero pasa página hacia un capítulo de inesperada sorpresa: "no, no, yo no he hecho nada... yo no he hecho nada, yo no toqué a esa niña".
"Yo no te he mencionado a ninguna niña" - le digo, y observo cómo la gris ceniza de mi cigarro flota hacia el suelo. Mi alma también flota, porque ya todo le da igual.
"No me hagas nada, por favor, no, no, yo no he hecho nada, ¡nada!".
La última "a" resuena cíclica en torno al sótano, como si de una cascada que va a dar al mar se tratara. El volumen y la intensidad crecen a medida que el torrente fluye. El hombre grita cuando apago sucesivas veces, y con terrorífica tranquilidad, como si de un acto rutinario se tratara, el cigarro en varios puntos de su cuerpo. Mancho sus mejillas, uno de sus antebrazos e incluso me deleito apagando finalmente el cigarro en uno de sus azules ojos. Luego tiro la colilla a un rincón y vuelvo a sentarme en la podrida silla de madera, a contemplar el espectáculo como si de una representación teatral se tratara.
Parece que el vocabulario del cerdo no mejora bajo presión. Sigue escupiendo palabras prohibidas alternadas con húmedos monólogos de redención. Se permite incluso el lujo de amenazarme. Palabras vacías carentes de base en tal situación.
He apagado el cigarro en varios puntos de su cuerpo como hizo él con mi nieta. La quemadura es mucho más sobresaliente y dañina para la vista en un cuerpo de 7 años, mas que nada por el mero hecho de que el tamaño corporal es mucho menor, así como la capacidad de cicatrización. Las fotos que me mostró la policia focalizando sus quemados miembros dañan la vista, sí, pero el resultado es mucho más agresivo para mi alma, que ve como toda humanidad queda cercenada y violada de un único y agudo tajo.
"Sabes?" - me expreso casi como recitando una lección aprendida - "tengo 75 años. Soy asmático y tengo problemas de corazón, cosas de la edad, evidentemente. Voy a ir a la cárcel, eso ya lo sé, de hecho, están viniendo. Como te he dicho, tengo 75 años. He vivido, he querido, he viajado y he cumplido sueños, he pasado penurias y poco a poco he ido creciendo, ahora sólo soy un viejo que ve la televisión, cuida sus rosales y come los Domingos con su familia. He llorado, te he dicho que he llorado?, bueno, también he llorado por circunstancias que nunca deberían haber sucedido. Una enfermedad, un accidente... son circunstancias que pueden suceder, mera probabilidad, pero una violación, compañero, eso es un acto despreciable que nunca debería suceder. Creo en la Justicia, ¡y la respeto!, desde luego, la policía es necesaria, así como la cárcel y sus condenas, pero a veces es tan lenta y falla tanto. Así que, no tengo intención de que el raciocinio de otras familias se pierda en el olvido o la locura por tu culpa. No quiero más violaciones por tu parte.-
Tengo la frente mojada. Me la seco con el dorso de la mano aunque, para prevenir, saco un pañuelo con objeto de tratar el manar derivado de mis cercanas e insanas acciones.
Vuelvo a respirar profundamente y, como si de un robótico miembro se tratara, mi brazo derecho recoge la escopeta apoyada, y cargada, en la pared. Apunto a sus partes y escupo un "eh" hacia el desdichado, para que levante la cabeza de donde la tiene enterrada y mire directamente al rostro de la desesperación. "No!", dice en voz muy baja, pero tan baja que mis dedos no le escuchan y el gatillo baila dos veces. La compasión también es sorda.
El retroceso me hace tambalear y casi me tira de la silla, pero el grito agónico derivado del impacto de los cartuchos en sus testículos, me motiva a seguir adelante con mi reprochable actividad.
El asqueroso se encoge como si de un feto bañado en placenta se tratara. Intenta paliar el dolor con encogido movimiento, como si tal acción le pudiera privar de dicha agonía, pero eso nunca pasará. El dolor se prolongará durante breves minutos hasta que yo le reviente la cabeza de dos nuevos disparos, mientras tanto, y si Dios lo permite (vuelvo a remitirme a Dios como forzado canalizado) esta persona sufrirá lo indecible, y yo, ejerceré como personificado tribunal para que dicho veredicto se cumpla.
Lo que debe quedar de sus partes sangra en torno a sus piernas, y cantándole a la gravedad, tinta de vermellón color el suelo de parquet. No son fuertes piernas de hombre que sangran, son cortas extremidades de niña manchadas por sangre, sudor, semen y posteriores lágrimas. No es un pene arrancado por dos disparos, es una vagina sin desarrollar destrozada por un desgraciado que quería dar rienda suelta a pervertidos impulsos. Tampoco es un hombre que llora sufriendo lo indecible, es una pobre y blanca alma que se escapa de un cuerpo de manera muy violenta. Es una tragedia, un lamento infante en espiral que se repite en mi cabeza durante 24 horas de diario sufrimiento. En mi cabeza. Y en la de sus padres, que no saben todavía cómo afrontar el día a día. Es una madre que sólo se sienta delante del televisor, toma antidepresivos y llora cuando el efecto se dispersa entre tazas de café. Es un padre que intenta tirar de una destrozada familia forjando un futuro que intenta crear "normal", pero que pronto acabará por estallar con impredecibles consecuencias. Es un hermano mayor que nunca podrá compartir trastadas con una hermana por la cual hubiera dado su vida.
Este despojo, esta mierda que nunca debería haber contaminado el aire que yo respiro, nos ha privado de tantas Navidades y cumpleaños, nos ha robado una graduación de instituto y ha borrado de nuestras vidas un novio que hiciera feliz a nuestra niña. Todo eso, este mierda nos lo ha quitado vilmente por mera respuesta a un indigno y cobarde acto de superioridad.
Creo en la Justicia he dicho antes, pero la mía de ahora es mucho más justa, y sé que nadie me lo va a reprochar.
El cerdo sigue sangrando. Noto ansiedad en mi pecho, suelto la escopeta y saco el inhalador. Tomo 3, 4 y los necesarios vapores que mis ancianos pulmones necesitan para afrontar una estresante situación como esta.
Mientras ese "hombre" intenta agarrarse a la vida con innecesarias súplicas, intento reflexionar todo lo racionalmente que puedo, todo lo que mi afectada cordura me permite.
Este acto lo he realizado de manera orquestada: el entrar en su casa pidiendo ayuda, el sedarle de discreta manera y atarlo al poste, así como la posterior tortura y futura muerte. Todo venía planificado de antemano de la misma manera que seguimos una receta de cocina garabateada en un papel. Intenté imaginar algo así como una liberación cuando viera a este ser humano sufrir, pero para mi sorpresa no he percibido tal impía sensación, nada más lejos de la realidad, no he sentido placer, así como tampoco he sentido pena o lástima, la sensación derivada es inquietante ya que... no siento nada. Sería capaz de realizar otra vez tal cadena de punitivos actos sin sentir remordimiento ninguno?, tan cerca se encuentra mi alma (a la cual creía limpia) del alma de este despojo?, es posible que sí, y que por ello mi lugar también se encuentre en prisión, ya que no sólo se es pecador de acto, sino también de conciencia.
En torno a mis pensamientos, las sirenas de policia bailan como ratas orquestadas por una mágica flauta de Hamelín. Ya no hay marcha atrás, a decir verdad, nunca la hubo desde que este inmundo ser posó sus pervertidos ojos en la flor de mi niña. Este asqueroso que me ha privado de amaneceres, y del más delicado de los "adioses", de ese último susurrado momentos antes de que yo me vaya al otro mundo.
Los días ya no amanecerán nunca más para mí, linda rosa, ahora es ya un sólo y único día encapotado de negras nubes.
Vuelvo a agarrar la escopeta y vacío nuevamente dos gruesos cartuchos en su asquerosa cabeza.
El bastardo yace en el suelo atado de pies y manos en torno a un poste de madera. Al estar legado en torno a dicha columna, sólo puede girar y girar, sirviéndole sus pataleos como única brújula de un torpe y espasmódico reptar.
No digo todavía nada, sólo le observo:
Veo un cuerpo indefenso que se encuentra asustado, como si se encontrara fuera de su medio o hábitat natural. Al ser todo en torno extraño, reacciona de manera violenta como diciendo "aléjate de mí, puedo hacerte daño, no me toques", pero sólo es un mecanismo de autodefensa. El miedo nos hace generar tal reacción solamente para impresionar... como un arma pacífica de suplica.
Tras su perorata de agravios llega la sumisión. Ya no hay nada que ocultar, ya no tenemos coraza que nos proteja ante un superior ataque, sólo nos queda rendirnos y mostrar pleitesía: "qué quieres?, que te he hecho yo?, quieres dinero?, te daré dinero?, que he hecho?, por Dios"...
Todo ser humano, creyente o ateo, pone de manifiesto a Dios cuando no encuentra otra salida posible, cuando se encuentra indefenso. Suplicamos ayuda a Dios aunque no creamos en Él, como si de golpe y plumazo nos hubiéramos convertido en el más devoto de los creyentes.
"De tí no quiero nada" - le digo. Y aspiro profundamente masticando neuronas para facilitar el proseguir de mi discurso - "Sólo querría una cosa, pero todavía no eres capaz de resucitar a los muertos, verdad?, aun no eres capaz de engañar al tiempo.
El cabrón me observa con ojos de vidrio, como intentando arañar la superficie de mis palabras y llegar así al germen de las mismas. Tras unos instantes de balbuceo e infantil lloriqueo, su mueca de desespero pasa página hacia un capítulo de inesperada sorpresa: "no, no, yo no he hecho nada... yo no he hecho nada, yo no toqué a esa niña".
"Yo no te he mencionado a ninguna niña" - le digo, y observo cómo la gris ceniza de mi cigarro flota hacia el suelo. Mi alma también flota, porque ya todo le da igual.
"No me hagas nada, por favor, no, no, yo no he hecho nada, ¡nada!".
La última "a" resuena cíclica en torno al sótano, como si de una cascada que va a dar al mar se tratara. El volumen y la intensidad crecen a medida que el torrente fluye. El hombre grita cuando apago sucesivas veces, y con terrorífica tranquilidad, como si de un acto rutinario se tratara, el cigarro en varios puntos de su cuerpo. Mancho sus mejillas, uno de sus antebrazos e incluso me deleito apagando finalmente el cigarro en uno de sus azules ojos. Luego tiro la colilla a un rincón y vuelvo a sentarme en la podrida silla de madera, a contemplar el espectáculo como si de una representación teatral se tratara.
Parece que el vocabulario del cerdo no mejora bajo presión. Sigue escupiendo palabras prohibidas alternadas con húmedos monólogos de redención. Se permite incluso el lujo de amenazarme. Palabras vacías carentes de base en tal situación.
He apagado el cigarro en varios puntos de su cuerpo como hizo él con mi nieta. La quemadura es mucho más sobresaliente y dañina para la vista en un cuerpo de 7 años, mas que nada por el mero hecho de que el tamaño corporal es mucho menor, así como la capacidad de cicatrización. Las fotos que me mostró la policia focalizando sus quemados miembros dañan la vista, sí, pero el resultado es mucho más agresivo para mi alma, que ve como toda humanidad queda cercenada y violada de un único y agudo tajo.
"Sabes?" - me expreso casi como recitando una lección aprendida - "tengo 75 años. Soy asmático y tengo problemas de corazón, cosas de la edad, evidentemente. Voy a ir a la cárcel, eso ya lo sé, de hecho, están viniendo. Como te he dicho, tengo 75 años. He vivido, he querido, he viajado y he cumplido sueños, he pasado penurias y poco a poco he ido creciendo, ahora sólo soy un viejo que ve la televisión, cuida sus rosales y come los Domingos con su familia. He llorado, te he dicho que he llorado?, bueno, también he llorado por circunstancias que nunca deberían haber sucedido. Una enfermedad, un accidente... son circunstancias que pueden suceder, mera probabilidad, pero una violación, compañero, eso es un acto despreciable que nunca debería suceder. Creo en la Justicia, ¡y la respeto!, desde luego, la policía es necesaria, así como la cárcel y sus condenas, pero a veces es tan lenta y falla tanto. Así que, no tengo intención de que el raciocinio de otras familias se pierda en el olvido o la locura por tu culpa. No quiero más violaciones por tu parte.-
Tengo la frente mojada. Me la seco con el dorso de la mano aunque, para prevenir, saco un pañuelo con objeto de tratar el manar derivado de mis cercanas e insanas acciones.
Vuelvo a respirar profundamente y, como si de un robótico miembro se tratara, mi brazo derecho recoge la escopeta apoyada, y cargada, en la pared. Apunto a sus partes y escupo un "eh" hacia el desdichado, para que levante la cabeza de donde la tiene enterrada y mire directamente al rostro de la desesperación. "No!", dice en voz muy baja, pero tan baja que mis dedos no le escuchan y el gatillo baila dos veces. La compasión también es sorda.
El retroceso me hace tambalear y casi me tira de la silla, pero el grito agónico derivado del impacto de los cartuchos en sus testículos, me motiva a seguir adelante con mi reprochable actividad.
El asqueroso se encoge como si de un feto bañado en placenta se tratara. Intenta paliar el dolor con encogido movimiento, como si tal acción le pudiera privar de dicha agonía, pero eso nunca pasará. El dolor se prolongará durante breves minutos hasta que yo le reviente la cabeza de dos nuevos disparos, mientras tanto, y si Dios lo permite (vuelvo a remitirme a Dios como forzado canalizado) esta persona sufrirá lo indecible, y yo, ejerceré como personificado tribunal para que dicho veredicto se cumpla.
Lo que debe quedar de sus partes sangra en torno a sus piernas, y cantándole a la gravedad, tinta de vermellón color el suelo de parquet. No son fuertes piernas de hombre que sangran, son cortas extremidades de niña manchadas por sangre, sudor, semen y posteriores lágrimas. No es un pene arrancado por dos disparos, es una vagina sin desarrollar destrozada por un desgraciado que quería dar rienda suelta a pervertidos impulsos. Tampoco es un hombre que llora sufriendo lo indecible, es una pobre y blanca alma que se escapa de un cuerpo de manera muy violenta. Es una tragedia, un lamento infante en espiral que se repite en mi cabeza durante 24 horas de diario sufrimiento. En mi cabeza. Y en la de sus padres, que no saben todavía cómo afrontar el día a día. Es una madre que sólo se sienta delante del televisor, toma antidepresivos y llora cuando el efecto se dispersa entre tazas de café. Es un padre que intenta tirar de una destrozada familia forjando un futuro que intenta crear "normal", pero que pronto acabará por estallar con impredecibles consecuencias. Es un hermano mayor que nunca podrá compartir trastadas con una hermana por la cual hubiera dado su vida.
Este despojo, esta mierda que nunca debería haber contaminado el aire que yo respiro, nos ha privado de tantas Navidades y cumpleaños, nos ha robado una graduación de instituto y ha borrado de nuestras vidas un novio que hiciera feliz a nuestra niña. Todo eso, este mierda nos lo ha quitado vilmente por mera respuesta a un indigno y cobarde acto de superioridad.
Creo en la Justicia he dicho antes, pero la mía de ahora es mucho más justa, y sé que nadie me lo va a reprochar.
El cerdo sigue sangrando. Noto ansiedad en mi pecho, suelto la escopeta y saco el inhalador. Tomo 3, 4 y los necesarios vapores que mis ancianos pulmones necesitan para afrontar una estresante situación como esta.
Mientras ese "hombre" intenta agarrarse a la vida con innecesarias súplicas, intento reflexionar todo lo racionalmente que puedo, todo lo que mi afectada cordura me permite.
Este acto lo he realizado de manera orquestada: el entrar en su casa pidiendo ayuda, el sedarle de discreta manera y atarlo al poste, así como la posterior tortura y futura muerte. Todo venía planificado de antemano de la misma manera que seguimos una receta de cocina garabateada en un papel. Intenté imaginar algo así como una liberación cuando viera a este ser humano sufrir, pero para mi sorpresa no he percibido tal impía sensación, nada más lejos de la realidad, no he sentido placer, así como tampoco he sentido pena o lástima, la sensación derivada es inquietante ya que... no siento nada. Sería capaz de realizar otra vez tal cadena de punitivos actos sin sentir remordimiento ninguno?, tan cerca se encuentra mi alma (a la cual creía limpia) del alma de este despojo?, es posible que sí, y que por ello mi lugar también se encuentre en prisión, ya que no sólo se es pecador de acto, sino también de conciencia.
En torno a mis pensamientos, las sirenas de policia bailan como ratas orquestadas por una mágica flauta de Hamelín. Ya no hay marcha atrás, a decir verdad, nunca la hubo desde que este inmundo ser posó sus pervertidos ojos en la flor de mi niña. Este asqueroso que me ha privado de amaneceres, y del más delicado de los "adioses", de ese último susurrado momentos antes de que yo me vaya al otro mundo.
Los días ya no amanecerán nunca más para mí, linda rosa, ahora es ya un sólo y único día encapotado de negras nubes.
Vuelvo a agarrar la escopeta y vacío nuevamente dos gruesos cartuchos en su asquerosa cabeza.
martes, 19 de marzo de 2013
Casas (cont.)
-Y todas esas largas mesas?, cuánta cantidad de comida, o de lo que sea, tienen pensado servir?... no sé, no sé, nunca antes he conocido un negocio así.- Enunció intrigado uno de los vecinos.
-La verdad es que tienes razón, y tanta moqueta verde?... igual es un hotel, sí!, tiene que ser eso, verdad?, la recepción de un hotel. De sobras es sabido que el color verde induce a la tranquilidad. No hay nada mejor que estar tranquilo en un hotel, mientras el recepcionista manda al botones prepararte tu cómoda habitación… creo… no sé, al menos es así para los humanos, no?.- Comentó su amigo.
-Un hotel?, mmm, podría ser, sí, además tiene que ser un hotel de lujo, no hay mas que ver la cantidad de personas trajeadas que se han acercado por aquí, fumando sus gordos puros y agarrando sus maletines, ¡cargados de mucho dinero!, seguro… tú crees que todo ese dinero lo usarán para construír algún parque?, yo creo que sí, no?, no sé, yo es que soy muy inocente.-
-Sí, un poco inocente siempre has sido… pero, porqué no?, no tenemos que ser agoreros, verdad?, no sólo la codicia mueve al hombre.-
-Me lo imagino. ¡Me lo estoy imaginando!. Un parque enorme, ¡grandioso!. Seguro que tiene un lago, con patos y cisnes, ¡y con barcas!, sería tan bonito, sería… sería como un respiro para el pueblo, verdad?.-
-Y, por supuesto, que al tener un lago, también tiene que tener un puesto de helados, si yo pudiera comer, y tuviera dinero, me compraría un helado cada fin de semana, ¡o dos!, me gusta tanto el helado… creo.
-He oído a las Viviendas que han traído un disco muy grande.-
-Un disco?, qué es eso de un disco?, un disco de música?.-
-No, no, tonto, un disco grande, de colores. Seguro que es algún tipo de atracción para los niños, para que jueguen en el parque. Y también me han dicho que el nuevo vecino está lleno de luces, ¡y de sonidos!, no quiero ni imaginarme la que van a montar en el parque, ¡qué bonito!, algún tipo de atracción, seguro.--
-Pues sí, la verdad es que van a construír un parque bonito, si señor.-
A la mañana siguiente el vecindario parecía una olla a presión, y no era para menos, el nuevo vecino estaba a punto de despertar y todas y cada una de las casas querían saludarlo y conocerlo.
Todavía estaba a medio abrir. “APERTURA EN UNA SEMANA”, rezaba un gran rótulo luminoso en el más alto alfeizar del edificio. Los cristales de las ventanas estaban ahumados, con lo cual, ni la más curiosa de las Viviendas pudo averiguar qué se escondía tras las fachadas.
Lo que sí eran visibles eran los cientos de bombillas, ahora apagadas, que adornaban la parte delantera del edificio, como si de un artificial arcoiris se tratara. “Algún día estas bombillas se encenderán y todo el mundo tendrá que mirar”, se pensó repetidas veces a lo largo del vecindario.
Los vecinos siguieron opinando y, ante todo, divagando, hasta que un nuevo tono de voz, nunca oído antes por aquellas calles, hizo sonoro acto de presencia:
-“Hola?... eh, sois?... vosotros sois… el barrio?.- preguntó cauteloso el nuevo edificio. Una voz joven. Se podía afirmar que los muros interiores, así como el armazón habían sido construídos de nuevo. Una ingeniera actual. Un soplo de juventud, fresca presencia y energía para el pueblo.
Y, el Ayuntamiento, temeroso de que el nuevo vecino pudiera llegar a verse asustado por el griterío, habló primero y con autoritaria voz haciendo callar a las exaltadas Viviendas:
-“Sí, hola. Soy el Ayuntamiento, soy, por así decirlo, el alma y el pensamiento de este pueblo, hablo yo en representación de todos los demás.”
El Taller estuvo a punto de irrumpir en la conversación de brusca manera, pero su temperamento se vio sosegado por, como siempre, la pacificadora Guardería.
-Ah!, encantado entonces, bueno, encantado de conoceros a todos, yo soy…”
Si las casas hubieran tenido algo similar a un cuello articulado, se hubiera producido una competición en longitud por ser el primero en percibir las finales palabras de tal comentario.
-…soy el Casino.”. Terminó. Y carraspeó.
Todas las casas enmudecieron, pestañeando muy rápidamente, como si el involuntario movimiento de aquellos párpados pudiera llegar a facilitar el procesar de aquella información. La reacción inmediata fue la de observarse mutuamente, retándose de inocente manera a romper el hielo y producir una respuesta. Como era de esperar, fue el Taller quien replicó:
-El Casino, eh. Y tú, tú… tú, qué vendes?.- Preguntó con cierto aire desafiante.
-Jaja, amigo Taller- río el Casino de forzada manera como pudiera llegar a hacerlo un grueso hombre de negocios -, lo que vendo yo no figura en los carteles que muestra un supermercado o un negocio común-. Observó al Taller con mirada compasiva, como si intentara explicar algo evidente a un niño que poco pudiera llegar a entender.
Dirigió entonces una mirada global a su audiencia como si de un famoso cantante de rock se tratara, e incrementando gradualmente su tono vocal afirmó con rotundidad:
-Amigos, yo os traigo aquello que sólo vuestra alma y corazón son capaces de producir, yo os traigo… ILUSION. La diferencia es que yo puedo traérosla regularmente, sin necesidad de burda espera-
Y todos los vecinos quedaron impresionados ante aquellas políticas palabras. Este nuevo personaje era carisma, y él lo sabía. Al Casino no le hubiera hecho falta en aquel momento encaramarse a ninguna tarima para mostrar su notable superioridad. TODOS querían al Casino en aquel momento. Lo que no se sabía era si se le quería por el mero hecho de ser un personaje respetable, o por conveniencia ante aquello posible, casi fantasmagórico e ilusorio, que un ente como aquel pudiera realizar en el pueblo.
-Cierto es, y me diréis, “pero Casino, tú no tienes una caja registradora, ni bolsas para entregarme kilo y medio de ilusión… cómo eres tú capaz de darnos esa cosa tan bonita, tan preciada, y tan, TAN (elevó sabia, y profesionalmente, el tono de voz) escasa en estos fríos tiempos, como es la ilusión?”, pues bien, amigos, yo os respondería diciéndoos que la ilusión no es algo material, la ilusión no refuerza vuestros cimientos ni hace más preciosos vuestros ventanales. La ilusión es algo QUE YA TENEIS VOSOTROS. Es algo intrínseco en cada edificio. Yo sólo soy el medio, la vía que os permite imaginar el tener algo mejor. A quién no le gustaría tener unas cortinas más bonitas?, a vosotras sí, Viviendas, a qué sí?- Las viviendas permanecían boquiabiertas desde que el Casino desató su perorata de venta de cachivaches, al final una de ellas reaccionó como si despertara bruscamente de un sueño y afirmó “sí, sí, yo, a mí… lo que tú digas”, y se sonrojó-. Gracias, amiga, y lanzó una fugaz mirada cariñosa a la Vivienda, que se sonrojó aún más para jolgorio de sus amigas.
El Casino continuó:
Licorería, no dices nada. Cuántos años hace que no renuevas tu inventario?, tus alcoholes van a ganar más solera de la que ya tienen intrínseca- algunos rieron- sabes porqué?, porque no innovas, porque no cambias, y, amigos, porqué no se cambia y por lo tanto, no se innova?, porque no se tiene?...- y esperó la respuesta. El Casino era inteligente, sabía que no iba a fallar. Alguien tenía que decirlo. Alguien que reaccionara ante aquel discurso de pompa y magnético convencimiento. Alguien poseído por las luminarias del éxito. Alguien que…- ILUSION!- exclamó ante la mirada atónita de todos sus vecinos, la Funeraria.. Muy bien, Funeraria. Ya sabía yo que un personaje de tu clase y estirpe no iba a defraudarme. Probablemente, y sin ánimo de menospreciar a alguno (el Ayuntamiento creyó percibir una fugaz mirada dirigida a su enladrillada fachada) tú eres de los que mejor puede llegar a entender mi objetivo. Mi difícil objetivo… ahora, amigos, amigas. Debo recluírme hasta mañana, todavía no estoy preparado, pero cuando lo esté, que sepáis que voy a traeros la dicha, las ganas de continuar, el empuje del día a día. Por favor, si incluso la Funeraria ha visto la luz al final del túnel de su propio melodrama… y todo esto sólo gracias a mis palabras y a su propio convencimiento. Vecinos, la respuesta está en vosotros. Yo, yo sólo soy un puente entre vuestra desdicha y la superación-.
Y con estas palabras dignas de cualquier líder de masas, el Casino cerró los ojos y se sumió en el letargo propio de cualquier edificio en obras.
-La verdad es que tienes razón, y tanta moqueta verde?... igual es un hotel, sí!, tiene que ser eso, verdad?, la recepción de un hotel. De sobras es sabido que el color verde induce a la tranquilidad. No hay nada mejor que estar tranquilo en un hotel, mientras el recepcionista manda al botones prepararte tu cómoda habitación… creo… no sé, al menos es así para los humanos, no?.- Comentó su amigo.
-Un hotel?, mmm, podría ser, sí, además tiene que ser un hotel de lujo, no hay mas que ver la cantidad de personas trajeadas que se han acercado por aquí, fumando sus gordos puros y agarrando sus maletines, ¡cargados de mucho dinero!, seguro… tú crees que todo ese dinero lo usarán para construír algún parque?, yo creo que sí, no?, no sé, yo es que soy muy inocente.-
-Sí, un poco inocente siempre has sido… pero, porqué no?, no tenemos que ser agoreros, verdad?, no sólo la codicia mueve al hombre.-
-Me lo imagino. ¡Me lo estoy imaginando!. Un parque enorme, ¡grandioso!. Seguro que tiene un lago, con patos y cisnes, ¡y con barcas!, sería tan bonito, sería… sería como un respiro para el pueblo, verdad?.-
-Y, por supuesto, que al tener un lago, también tiene que tener un puesto de helados, si yo pudiera comer, y tuviera dinero, me compraría un helado cada fin de semana, ¡o dos!, me gusta tanto el helado… creo.
-He oído a las Viviendas que han traído un disco muy grande.-
-Un disco?, qué es eso de un disco?, un disco de música?.-
-No, no, tonto, un disco grande, de colores. Seguro que es algún tipo de atracción para los niños, para que jueguen en el parque. Y también me han dicho que el nuevo vecino está lleno de luces, ¡y de sonidos!, no quiero ni imaginarme la que van a montar en el parque, ¡qué bonito!, algún tipo de atracción, seguro.--
-Pues sí, la verdad es que van a construír un parque bonito, si señor.-
A la mañana siguiente el vecindario parecía una olla a presión, y no era para menos, el nuevo vecino estaba a punto de despertar y todas y cada una de las casas querían saludarlo y conocerlo.
Todavía estaba a medio abrir. “APERTURA EN UNA SEMANA”, rezaba un gran rótulo luminoso en el más alto alfeizar del edificio. Los cristales de las ventanas estaban ahumados, con lo cual, ni la más curiosa de las Viviendas pudo averiguar qué se escondía tras las fachadas.
Lo que sí eran visibles eran los cientos de bombillas, ahora apagadas, que adornaban la parte delantera del edificio, como si de un artificial arcoiris se tratara. “Algún día estas bombillas se encenderán y todo el mundo tendrá que mirar”, se pensó repetidas veces a lo largo del vecindario.
Los vecinos siguieron opinando y, ante todo, divagando, hasta que un nuevo tono de voz, nunca oído antes por aquellas calles, hizo sonoro acto de presencia:
-“Hola?... eh, sois?... vosotros sois… el barrio?.- preguntó cauteloso el nuevo edificio. Una voz joven. Se podía afirmar que los muros interiores, así como el armazón habían sido construídos de nuevo. Una ingeniera actual. Un soplo de juventud, fresca presencia y energía para el pueblo.
Y, el Ayuntamiento, temeroso de que el nuevo vecino pudiera llegar a verse asustado por el griterío, habló primero y con autoritaria voz haciendo callar a las exaltadas Viviendas:
-“Sí, hola. Soy el Ayuntamiento, soy, por así decirlo, el alma y el pensamiento de este pueblo, hablo yo en representación de todos los demás.”
El Taller estuvo a punto de irrumpir en la conversación de brusca manera, pero su temperamento se vio sosegado por, como siempre, la pacificadora Guardería.
-Ah!, encantado entonces, bueno, encantado de conoceros a todos, yo soy…”
Si las casas hubieran tenido algo similar a un cuello articulado, se hubiera producido una competición en longitud por ser el primero en percibir las finales palabras de tal comentario.
-…soy el Casino.”. Terminó. Y carraspeó.
Todas las casas enmudecieron, pestañeando muy rápidamente, como si el involuntario movimiento de aquellos párpados pudiera llegar a facilitar el procesar de aquella información. La reacción inmediata fue la de observarse mutuamente, retándose de inocente manera a romper el hielo y producir una respuesta. Como era de esperar, fue el Taller quien replicó:
-El Casino, eh. Y tú, tú… tú, qué vendes?.- Preguntó con cierto aire desafiante.
-Jaja, amigo Taller- río el Casino de forzada manera como pudiera llegar a hacerlo un grueso hombre de negocios -, lo que vendo yo no figura en los carteles que muestra un supermercado o un negocio común-. Observó al Taller con mirada compasiva, como si intentara explicar algo evidente a un niño que poco pudiera llegar a entender.
Dirigió entonces una mirada global a su audiencia como si de un famoso cantante de rock se tratara, e incrementando gradualmente su tono vocal afirmó con rotundidad:
-Amigos, yo os traigo aquello que sólo vuestra alma y corazón son capaces de producir, yo os traigo… ILUSION. La diferencia es que yo puedo traérosla regularmente, sin necesidad de burda espera-
Y todos los vecinos quedaron impresionados ante aquellas políticas palabras. Este nuevo personaje era carisma, y él lo sabía. Al Casino no le hubiera hecho falta en aquel momento encaramarse a ninguna tarima para mostrar su notable superioridad. TODOS querían al Casino en aquel momento. Lo que no se sabía era si se le quería por el mero hecho de ser un personaje respetable, o por conveniencia ante aquello posible, casi fantasmagórico e ilusorio, que un ente como aquel pudiera realizar en el pueblo.
-Cierto es, y me diréis, “pero Casino, tú no tienes una caja registradora, ni bolsas para entregarme kilo y medio de ilusión… cómo eres tú capaz de darnos esa cosa tan bonita, tan preciada, y tan, TAN (elevó sabia, y profesionalmente, el tono de voz) escasa en estos fríos tiempos, como es la ilusión?”, pues bien, amigos, yo os respondería diciéndoos que la ilusión no es algo material, la ilusión no refuerza vuestros cimientos ni hace más preciosos vuestros ventanales. La ilusión es algo QUE YA TENEIS VOSOTROS. Es algo intrínseco en cada edificio. Yo sólo soy el medio, la vía que os permite imaginar el tener algo mejor. A quién no le gustaría tener unas cortinas más bonitas?, a vosotras sí, Viviendas, a qué sí?- Las viviendas permanecían boquiabiertas desde que el Casino desató su perorata de venta de cachivaches, al final una de ellas reaccionó como si despertara bruscamente de un sueño y afirmó “sí, sí, yo, a mí… lo que tú digas”, y se sonrojó-. Gracias, amiga, y lanzó una fugaz mirada cariñosa a la Vivienda, que se sonrojó aún más para jolgorio de sus amigas.
El Casino continuó:
Licorería, no dices nada. Cuántos años hace que no renuevas tu inventario?, tus alcoholes van a ganar más solera de la que ya tienen intrínseca- algunos rieron- sabes porqué?, porque no innovas, porque no cambias, y, amigos, porqué no se cambia y por lo tanto, no se innova?, porque no se tiene?...- y esperó la respuesta. El Casino era inteligente, sabía que no iba a fallar. Alguien tenía que decirlo. Alguien que reaccionara ante aquel discurso de pompa y magnético convencimiento. Alguien poseído por las luminarias del éxito. Alguien que…- ILUSION!- exclamó ante la mirada atónita de todos sus vecinos, la Funeraria.. Muy bien, Funeraria. Ya sabía yo que un personaje de tu clase y estirpe no iba a defraudarme. Probablemente, y sin ánimo de menospreciar a alguno (el Ayuntamiento creyó percibir una fugaz mirada dirigida a su enladrillada fachada) tú eres de los que mejor puede llegar a entender mi objetivo. Mi difícil objetivo… ahora, amigos, amigas. Debo recluírme hasta mañana, todavía no estoy preparado, pero cuando lo esté, que sepáis que voy a traeros la dicha, las ganas de continuar, el empuje del día a día. Por favor, si incluso la Funeraria ha visto la luz al final del túnel de su propio melodrama… y todo esto sólo gracias a mis palabras y a su propio convencimiento. Vecinos, la respuesta está en vosotros. Yo, yo sólo soy un puente entre vuestra desdicha y la superación-.
Y con estas palabras dignas de cualquier líder de masas, el Casino cerró los ojos y se sumió en el letargo propio de cualquier edificio en obras.
Casas
A esa tardía hora de la madrugada, cuando todos los humanos duermen y es únicamente el suave murmullo eléctrico de las farolas, el que se atreve a quebrar el silencio, a esa hora, es cuando las casas hablan:
-“Maldita sea mi vida!, primero fue la Carnicería y ahora le ha tocado al Cine. Desde luego, espero que los humanos sigan conduciendo coches. Que me aspen que el próximo pueda ser yo!.” - Exclamó furioso el Taller, mientras limpiaba su metálica puerta con una bayeta aún más sucia que la propia puerta.
-“Sí, Taller, tienes toda la razón. Una lástima. Una gran pena que se nos haya ido el Cine. Recuerdo que una vez, él y yo, vimos hace ya muuuchos años una película muy bonita, “Siete novias para siete hermanos” se llamaba. Yo era joven por aquel entonces, y me gustaba mucho cantar, bueno, siempre me ha gustado cantar, aunque reconozco que nunca lo he hecho demasiado bien, la verdad.” - Dijo la Guardería mientras miraba pensativa el cielo plagado de estrellas, y se perdía ella sóla en la inmensidad.
-“Siempre has cantado muy bien, Guarde (Taller le llamaba así en tono cariñoso), si yo no tuviera esta voz tan ronca y hablara de manera más correcta y educada, me hubiera gustado hacerte los coros, pardiez.” - Dijo el Taller esbozando una agradable sonrisa que contrastó con su áspera fachada.
-“Todo está mal, todo está perdido… a las pruebas me remito, amigos. El Cine siempre me produjo una sana melancolía, ahora que él ya no está, tan sólo es la tristeza la que me embarga y atonta mi lento pasar en esta vida. Cuándo nos llegará tan desdichado momento amigos míos, quién sabe quién será el siguiente?, porque sabéis que esto no ha hecho más que empezar, tan sólo contemplad las anexas calles…todas ellas vacías, desiertas, frías como tumbas, rehuyendo cualquier atisbo de contemplación humana…” - Comentó la desdichada Funeraria.
-“Fune!, joder, agorero, eres un agorero!, contigo sólo parece que nos sucedan desgracias. El Cine era ya muy mayor, cada vez lo visitaba menos gente… y se quedó sólo, enmudeció, maldita sea!, y ya sabes lo que nos pasa cuando enmudecemos, que desaparecemos, “cerramos el telón”, como bien hubiera dicho él.” - Respondió nuevamente enfadado el Taller.
Pero la Funeraria, debido a su carácter, hizo caso omiso de las palabras del Taller, y siguió a sus labores, el trenzado de coronas de flores, y el dibujado de epitafios al son de una lánguida melodía que sólo el sabía llorar en vez de cantar. Y que por cierto, tarareaba realmente bien, siempre triste, pero bien.
Al final de la calle se oyeron lloros infantiles. Era la Juguetería, que se había enterado que el Cine ya nunca más volvería a proyectar ninguna película para niños, “porqué, porque?, porqué se ha tenido que ir, mamá? (la Juguetería llamaba “mamá” a la Guardería debido al carácter maternal de esta última), era mi amigo, ahora que voy a hacer yo?, dónde voy a ver películas de dibujos –sollozaba mientras saladas gotas de tristeza recorrían sus tersas mejillas- tendré que ver una y otra vez los dibujos que los niños cuelgan en mis paredes, nunca más veré nada distinto…”. La Guardería aclaró aquellas lágrimas infantiles mientras entonaba una pausada y calma canción sin letra.
-Vecinos, buenas noches a todos – era el ayuntamiento, siempre serio, siempre recto y estricto, a opinión de la pequeña Juguetería, siempre aburrido- quería ante todo comunicaros, como ya os habréis dado cuenta, el cierre de nuestro querido Cine.-
Todas las casas interrumpieron sus tareas para escuchar al Ayuntamiento, salvo el Taller, que siguió limpiando su puerta metálica (nunca había sido muy amigo del Ayuntamiento debido a diferencias políticas) y el viejo Geriátrico, que no oía por “cosas de la edad”, aunque escuchaba más de lo que parecía. “Don Gere –se dirigió la Guardería al viejo edificio- que está hablando el Ayuntamiento, escuche, escuche, que va a decir algo importante.
-Taller, estoy hablando, quieres escucharme?- el Taller, por no llamar nuevamente la atención sobre su persona, interrumpió aquello que estaba haciendo de provocativa manera-, me veo en la obligación de comentaros algo. Bueno, ya sabéis, los desarrollos tecnológicos del ser humano, Internet, y la posibilidad de visionar filmes en la propia casa sin necesidad de realizar el pago monetario habitual, hizo que, finalmente, ya sabéis todos… se fuera apagando. Lamento en el alma que un vecino tan carismático como él, y que tantos buenos momentos nos proporcionó durante largas noches de invierno se haya ido para siempre, lo siento mucho, pero ninguno de nosotros pudiera haber hecho nada, para ellos es siempre el dinero quien manda, ya lo sabéis.-
Todas las casas se silenciaron. Todas miraron el frío asfalto que compartían, como si el suelo pudiera ser el lugar donde todos ellos estamparan un profundo pésame que perdurara con el tiempo. Cada uno de ellos observó a través de sus propios ventanales el oscuro del cielo, pensando que alguna de esas estrellas fuera la lente del Cine que allá en la inmensidad estuviera reproduciendo una muy buena película. Una película que ahora estarían disfrutando otras afortunadas casas allá arriba, allí donde el tiempo les acogió hace ya mucho tiempo.
El Ayuntamiento prosiguió.
-“Quisiera comentaros también algo más. Es una buena noticia en este caso. Mañana comenzará el traslado a nuestro barrio un nuevo vecino.- Más de un aliento cortado se escuchó a lo largo de la corta avenida, y muchas de las casas se mostraron interesadas en preguntar y sonsacar más información al Ayuntamiento. Varios grupos de Viviendas comunes estallaron en preguntas al azar y comentarios varios, como palomitas explotando en la sartén: “quién es?, cuándo llega?, dónde se instala?, tú siempre igual, preguntando la primera, no, tú, siempre quisiste llamar la atención Atico, como estás en las alturas, no, no es verdad, maruja, cotilla, por eso eres la portería”…y durante unos segundos que devoraron la paciencia del Ayuntamiento la calle se llenó de reacciones varias: afecto, negativa, duda, excitación, rechazo… La calle era un hervidero, no era para menos, dos grandes e impactantes noticias habían turbado en poco tiempo la tranquilidad de aquella poco concurrida calle.
-“Por amor de Dios, Viviendas!, callaos un poco, por favor!, nunca supisteis hablar de una en una, y nunca lo sabréis hacer.- expresó enojado el Ayuntamiento. Pocas veces su carácter templado se veía quebrantado. Sólo las Viviendas conseguían sacarle de quicio con sus palabras, sus chillidos y sus quejas casi siempre de naturaleza poco infundada.-“No puedo deciros a ninguno nada, básicamente por el hecho de que no sé quién va a venir ni a qué se dedica. Sólo se, por lo que me concierne y por el hecho de que los humanos encargados trabajan en mí, que se instalará en el lugar donde residía nuestro Cine.-
Entonces fue cuando el Taller decidió expresar su rechazo:
-“Mira, Ayunta (le llamaba siempre así en tono despectivo. El Ayuntamiento no soportaba los apodos, y mucho menos si un individuo de baja clase social como el Taller era el que se los dirigía)… un individuo de tu calaña que se relaciona con políticos, constructores, banqueros y gente del ramo no va a conseguir borrar la memoria de una casa tan respetable como fue, ¡es!, nuestro cine… por encima de mi hormigón que te vamos a permitir construír sobre tan destacable autoridad, o todos pensáis como él?- y se dirigió inflado de emoción al resto de vecinos.
-“Taller, sabes perfectamente que yo no tengo voz ni voto en la decisión, son los humanos los que deciden, lo siento”.
La licorería, que en ese momento y debido a las noticias, hubo recobrado un poco la sobriedad, le dijo en baja voz al Taller con pastoso entonado: “amigo, sabes que no me gusta darle la razón a este tipo, pero cierto es, y tú lo sabes, que ahora por desgracia tiene razón” –miró con complicidad a su amigo Taller y, sin dejar de atender al tema de conversación hablado, abrió una botella de verde absenta (“Proud of Amsterdam”, rezaba elegantemente caligrafiado en la etiqueta).
El Taller reflexionó las lúcidas palabras de la Licorería y se calmó… “que sepas que estoy totalmente en contra!”, espetó. Si hubiera tenido dedos, el Taller hubiera levantado un índice en señal de amarga contrariedad.
-Sólo os pido que seáis lo más corteses posible. Es un nuevo vecino. El, o ella, no tiene culpa de nada de lo que ha pasado, ni de que se vea obligado a instalarse en tan memorable espacio. Sed, y sé que lo seréis, lo más educados posible. Gracias. Yo, por mi parte me retiro, ya que mañana por la mañana a primera hora acuden los encargados de la obra. Buenas noches vecinos, y descansad.
El Ayuntamiento cerró sus puertas y ventanas, y se refugió a descansar entre almohadas de formularios, normativas y leyes de conducta varias.
-Una nueva casa?, esto no puede llevarnos a nada bueno, seguro que se limitan a construír más viviendas que luego, por desgracia, siempre desgracia, quedarán vacías. La gente no puede costearse una casa particular con los tiempos que corren. Todo, todo está mal- lamentó una vez más la funeraria. Y nadie le hizo caso, ya que todo el mundo estaba acostumbrado a sus funestas declaraciones “es su carácter, tenemos que entenderle. Es así”, explicaba la siempre comprensiva Guardería, defendiendo tal lúgubre casa.
-Que ha dicho qué? –preguntó atropellado, y de sopetón, el viejo Geriátrico, como si de un antiquísimo sueño hubiérase despertado-, no le he entendido bien, sea lo que sea… me niego!, nunca me han gustado los humos de ese joven prepotente capitalista. Y volvió a refugiarse en el plácido sueño del cual previamente le habían despertado.
La tienda de Antiguedades pidió cortés permiso para hablar, más que para hablar, para dialogar, acorde a sus modales:
-Vecinos, permitidme que os dirija unas palabras. Trataré de ser breve y claro, pero ante todo breve –subrayó- , ya que no deseo consumir vuestro escaso tiempo escuchando una larga perorata por parte de mi persona. Sufro y padezco en estos tristes momentos, como todos vosotros y vosotras, de una pérdida que me aflige y me trastorna. Me llena de vacío… -observó a sus oyentes con reflexiva y perdida mirada-. Recuerdo buenos momentos, si señor, cuando el Cine desempolvaba, exclusivamente para mí, viejas bobinas y cintas filmográficas. Gracias a él pude ver aquellas películas de cine mudo que tanto me gustan, “La quimera del oro”, “Metrópolis”, “Nosferatu”!… qué miedo pasé las primeras noches imaginándome la larga sombra del Vampiro haciendo crepitar los goznes de mi puerta. Son películas que los más jóvenes del lugar nunca siquiera habrán oído, pero bueno, ya conocéis mis retrógrados gustos, para qué voy a engañaros?. Es una pérdida que mucho vamos a tener que lamentar y llorar, me uno por ello al dolor y funesto pensar de nuestra estimada Funeraria… pero, y permitidme que vaya un poco más allá de mi arcaico pensamiento, pienso que un nuevo vecino podría proporcionarnos algo más de vida a este, nuestro vecindario. Os lo digo yo, no debemos anclarnos en el pasado, y os lo comenta una casa que todavía se deleita haciendo girar discos de carbón en gramófonos, y vendiendo objetos de principios de siglo tales como candelabros o viejos sinfonieres. Tan sólo, démosle una oportunidad a este nuevo edificio, por favor.-
La Tienda de Antigüedades ajustó la ventana de la puerta de entrada a modo de monóculo, y observó a su audiencia como esperando una réplica. Y la encontró, si señor, pero a modo de silencio reflexivo.
Hasta las Viviendas se unieron al ensordecedor mutismo que lleno la avenida, interrumpiéndose así su estridente canción sin pentagrama. Si la carencia de palabras pudiera transfigurarse en agua, sería un torrente el que hubiera inundado todos los rincones de aquel plácido rincón del mundo, empapando con gotas de pensamiento todas y cada una de aquellas almas enladrilladas.
La Guardería quebró el silencio con tono pausado:
-Creo que todos y cada uno de nosotros deberíamos irnos a descansar, cierto?, sabéis que el momento en el que mejor uno reflexiona, es cuando se arropa en si mismo y se entrega al sueño. Amigos, nos vemos mañana. Descansad.-
Y fueron tan ciertas sus palabras, y tan cerrada era ya la noche, que todas las casas decidieron al unísono girar su personal cartelito de bienvenida, “Cerrado”, se leía en sus fachadas.
Y las casas, entonces, soñaron:
El Taller soñó que el nuevo vecino pudiera ser un elegante y moderno Concesionario de coches. Un lujoso espacio abarrotado de potentes balas italianas y tecnológicos bólidos japoneses. Por fin un compañero auténtico con el que dialogar acerca de motores, bujías, y caballos de velocidad!. Se construyó en su espacio onírico un lugar blanco, brillante, reluciente. Como un diamante en bruto salpicado de reflejos en torno al sol. Reflejos amarillos y rojos Ferrari, ¡brutales carrocerías!, sonrió el Taller mientras roncaba.
La Guardería soñó con una Escuela. Qué mejor opción la de edificar una escuela para los niños!. No había escuela en aquel pequeño pueblo, los niños tenían que depender de un autobús para recibir educación en el pueblo más próximo, y, lógicamente, un edificio de tales características sería lo más viable para tales circunstancias. La Guardería soñó con niños pintarrajeando sus paredes, describiendo sus imaginarios viajes, y explicando imaginativos “que-quieres-ser-de-mayor” con témperas en blancos folios. De ahí, se trasladarían a la escuela, para hacer realidad sus sueños. La Guardería hizo mecer los rosas columpios de su jardín, y con el ligero chirriar de sus pequeñas cadenas se puso a descansar.
Las Viviendas soñaron, pues eso, con otras Viviendas amigas con las que poder charlar y cotillear de asuntos varios. Soñaron con tendederos y patios comunes, compartiendo pinzas de ropa y chismorreos poco fundados. Soñaron con vecinas parlanchinas con las que llenar de palabras los aburridos vacíos del mediodía durante la siesta, cuando el Sol pega fuerte en Verano y ni las lagartijas se atreven a deslizarse por sus paredes. También las Viviendas consiguieron dormirse y pausar por unas horas su particular contruír del día.
La infantil Juguetería, tras el sofoco de saber que nunca más iba a poder ver películas, fue de las primeras casas en dormirse. No obstante, soñó con que el Cine no iba a desaparecer, sino que en realidad, ¡iba a ser reformado!. Se imaginó un Cine nuevo, enorme!, con espléndidas butacas de terciopelo y realistas estatuas de personajes de películas en la entrada. Qué quieres que veamos hoy, guapa?, le preguntaría el Cine, que no iba a ser un nuevo cine!, se reafirmaba en su idea durante el sueño, iba a ser el mismo, pero con un proyector nuevo, de alta calidad, donde pudiera colocarse gafas de esas de 3D para ver a sus héroes preferidos mucho más cerca, casi tocándose mutuamente las manos, de la misma manera que él le tocaba ahora mismo el corazón desde las alturas. Ese iba a ser el nuevo Cine para la Juguetería.
Hasta la Licorería soñó, embriagada por el Hada Verde de la absenta. Por su parte, se imaginó que el nuevo vecino iba a ser una Discoteca. Sí, sí, un elegante y muy chic, bar de cócteles, dónde los muchachos más elegantes, y las chicas más guapas pudieran ir a pavonearse unos delante de otros, exhibiendo ropas caras y peinados estrambóticos. Eso sí sería bueno!, pensó la Licorería. O porqué no?, un auténtico Bar de Rock!, poblado de moteros donde la cerveza y el whisky corrieran a raudales al ritmo de AC-DC o Iron Maiden. Se imaginó que vendría gente de otros pueblos y ciudades lejanas para ver muy buenos conciertos de Rock y Heavy Metal. Eso sí que realmente molaría, soñó la embriagada Licorería.
La Funeraria, por su parte, se imaginó en el lugar donde antes se colocaba el cine, un fastuoso Cementerio… qué iba ser sino?. Grandes mausoleos, impresionantes criptas, tétricas fosas comunes, blancos crisantemos adornando las esquinas… todo esto le vino a la cabeza a la Funeraria. Comentaría tristes historias de pesar y desgracia con el Cementerio, y se vería respondido con melancólicos argumentos relativos al “porqué de que todo esté tan mal y de que no podamos hacer nada por evitarlo”. Eso sí le gustaría a la Funeraria. Y la paradoja, es que todo este negro y funesto pensamiento que se marcaba en su mente como un obituario en una lápida, hizo que, desde hacía mucho tiempo que no sucedía, la Funeraria volviera a sonreír.
Y bueno, sólo queda decir que el resto de casas del vecindario, todas y cada una de ellas, arropadas por un común sueño, se imaginaron al nuevo vecino que estaba por llegar, fuera como un amigo, un compañero, alguien con quien compartir gustos, opiniones y pareceres, o como, simplemente, alguien que se instalaba ahí, observando, como todas las demás casas habían hecho durante tanto años, el suceder de una estación tras otra y el cambiar de un inquilino por otro en sus interiores…
-“Maldita sea mi vida!, primero fue la Carnicería y ahora le ha tocado al Cine. Desde luego, espero que los humanos sigan conduciendo coches. Que me aspen que el próximo pueda ser yo!.” - Exclamó furioso el Taller, mientras limpiaba su metálica puerta con una bayeta aún más sucia que la propia puerta.
-“Sí, Taller, tienes toda la razón. Una lástima. Una gran pena que se nos haya ido el Cine. Recuerdo que una vez, él y yo, vimos hace ya muuuchos años una película muy bonita, “Siete novias para siete hermanos” se llamaba. Yo era joven por aquel entonces, y me gustaba mucho cantar, bueno, siempre me ha gustado cantar, aunque reconozco que nunca lo he hecho demasiado bien, la verdad.” - Dijo la Guardería mientras miraba pensativa el cielo plagado de estrellas, y se perdía ella sóla en la inmensidad.
-“Siempre has cantado muy bien, Guarde (Taller le llamaba así en tono cariñoso), si yo no tuviera esta voz tan ronca y hablara de manera más correcta y educada, me hubiera gustado hacerte los coros, pardiez.” - Dijo el Taller esbozando una agradable sonrisa que contrastó con su áspera fachada.
-“Todo está mal, todo está perdido… a las pruebas me remito, amigos. El Cine siempre me produjo una sana melancolía, ahora que él ya no está, tan sólo es la tristeza la que me embarga y atonta mi lento pasar en esta vida. Cuándo nos llegará tan desdichado momento amigos míos, quién sabe quién será el siguiente?, porque sabéis que esto no ha hecho más que empezar, tan sólo contemplad las anexas calles…todas ellas vacías, desiertas, frías como tumbas, rehuyendo cualquier atisbo de contemplación humana…” - Comentó la desdichada Funeraria.
-“Fune!, joder, agorero, eres un agorero!, contigo sólo parece que nos sucedan desgracias. El Cine era ya muy mayor, cada vez lo visitaba menos gente… y se quedó sólo, enmudeció, maldita sea!, y ya sabes lo que nos pasa cuando enmudecemos, que desaparecemos, “cerramos el telón”, como bien hubiera dicho él.” - Respondió nuevamente enfadado el Taller.
Pero la Funeraria, debido a su carácter, hizo caso omiso de las palabras del Taller, y siguió a sus labores, el trenzado de coronas de flores, y el dibujado de epitafios al son de una lánguida melodía que sólo el sabía llorar en vez de cantar. Y que por cierto, tarareaba realmente bien, siempre triste, pero bien.
Al final de la calle se oyeron lloros infantiles. Era la Juguetería, que se había enterado que el Cine ya nunca más volvería a proyectar ninguna película para niños, “porqué, porque?, porqué se ha tenido que ir, mamá? (la Juguetería llamaba “mamá” a la Guardería debido al carácter maternal de esta última), era mi amigo, ahora que voy a hacer yo?, dónde voy a ver películas de dibujos –sollozaba mientras saladas gotas de tristeza recorrían sus tersas mejillas- tendré que ver una y otra vez los dibujos que los niños cuelgan en mis paredes, nunca más veré nada distinto…”. La Guardería aclaró aquellas lágrimas infantiles mientras entonaba una pausada y calma canción sin letra.
-Vecinos, buenas noches a todos – era el ayuntamiento, siempre serio, siempre recto y estricto, a opinión de la pequeña Juguetería, siempre aburrido- quería ante todo comunicaros, como ya os habréis dado cuenta, el cierre de nuestro querido Cine.-
Todas las casas interrumpieron sus tareas para escuchar al Ayuntamiento, salvo el Taller, que siguió limpiando su puerta metálica (nunca había sido muy amigo del Ayuntamiento debido a diferencias políticas) y el viejo Geriátrico, que no oía por “cosas de la edad”, aunque escuchaba más de lo que parecía. “Don Gere –se dirigió la Guardería al viejo edificio- que está hablando el Ayuntamiento, escuche, escuche, que va a decir algo importante.
-Taller, estoy hablando, quieres escucharme?- el Taller, por no llamar nuevamente la atención sobre su persona, interrumpió aquello que estaba haciendo de provocativa manera-, me veo en la obligación de comentaros algo. Bueno, ya sabéis, los desarrollos tecnológicos del ser humano, Internet, y la posibilidad de visionar filmes en la propia casa sin necesidad de realizar el pago monetario habitual, hizo que, finalmente, ya sabéis todos… se fuera apagando. Lamento en el alma que un vecino tan carismático como él, y que tantos buenos momentos nos proporcionó durante largas noches de invierno se haya ido para siempre, lo siento mucho, pero ninguno de nosotros pudiera haber hecho nada, para ellos es siempre el dinero quien manda, ya lo sabéis.-
Todas las casas se silenciaron. Todas miraron el frío asfalto que compartían, como si el suelo pudiera ser el lugar donde todos ellos estamparan un profundo pésame que perdurara con el tiempo. Cada uno de ellos observó a través de sus propios ventanales el oscuro del cielo, pensando que alguna de esas estrellas fuera la lente del Cine que allá en la inmensidad estuviera reproduciendo una muy buena película. Una película que ahora estarían disfrutando otras afortunadas casas allá arriba, allí donde el tiempo les acogió hace ya mucho tiempo.
El Ayuntamiento prosiguió.
-“Quisiera comentaros también algo más. Es una buena noticia en este caso. Mañana comenzará el traslado a nuestro barrio un nuevo vecino.- Más de un aliento cortado se escuchó a lo largo de la corta avenida, y muchas de las casas se mostraron interesadas en preguntar y sonsacar más información al Ayuntamiento. Varios grupos de Viviendas comunes estallaron en preguntas al azar y comentarios varios, como palomitas explotando en la sartén: “quién es?, cuándo llega?, dónde se instala?, tú siempre igual, preguntando la primera, no, tú, siempre quisiste llamar la atención Atico, como estás en las alturas, no, no es verdad, maruja, cotilla, por eso eres la portería”…y durante unos segundos que devoraron la paciencia del Ayuntamiento la calle se llenó de reacciones varias: afecto, negativa, duda, excitación, rechazo… La calle era un hervidero, no era para menos, dos grandes e impactantes noticias habían turbado en poco tiempo la tranquilidad de aquella poco concurrida calle.
-“Por amor de Dios, Viviendas!, callaos un poco, por favor!, nunca supisteis hablar de una en una, y nunca lo sabréis hacer.- expresó enojado el Ayuntamiento. Pocas veces su carácter templado se veía quebrantado. Sólo las Viviendas conseguían sacarle de quicio con sus palabras, sus chillidos y sus quejas casi siempre de naturaleza poco infundada.-“No puedo deciros a ninguno nada, básicamente por el hecho de que no sé quién va a venir ni a qué se dedica. Sólo se, por lo que me concierne y por el hecho de que los humanos encargados trabajan en mí, que se instalará en el lugar donde residía nuestro Cine.-
Entonces fue cuando el Taller decidió expresar su rechazo:
-“Mira, Ayunta (le llamaba siempre así en tono despectivo. El Ayuntamiento no soportaba los apodos, y mucho menos si un individuo de baja clase social como el Taller era el que se los dirigía)… un individuo de tu calaña que se relaciona con políticos, constructores, banqueros y gente del ramo no va a conseguir borrar la memoria de una casa tan respetable como fue, ¡es!, nuestro cine… por encima de mi hormigón que te vamos a permitir construír sobre tan destacable autoridad, o todos pensáis como él?- y se dirigió inflado de emoción al resto de vecinos.
-“Taller, sabes perfectamente que yo no tengo voz ni voto en la decisión, son los humanos los que deciden, lo siento”.
La licorería, que en ese momento y debido a las noticias, hubo recobrado un poco la sobriedad, le dijo en baja voz al Taller con pastoso entonado: “amigo, sabes que no me gusta darle la razón a este tipo, pero cierto es, y tú lo sabes, que ahora por desgracia tiene razón” –miró con complicidad a su amigo Taller y, sin dejar de atender al tema de conversación hablado, abrió una botella de verde absenta (“Proud of Amsterdam”, rezaba elegantemente caligrafiado en la etiqueta).
El Taller reflexionó las lúcidas palabras de la Licorería y se calmó… “que sepas que estoy totalmente en contra!”, espetó. Si hubiera tenido dedos, el Taller hubiera levantado un índice en señal de amarga contrariedad.
-Sólo os pido que seáis lo más corteses posible. Es un nuevo vecino. El, o ella, no tiene culpa de nada de lo que ha pasado, ni de que se vea obligado a instalarse en tan memorable espacio. Sed, y sé que lo seréis, lo más educados posible. Gracias. Yo, por mi parte me retiro, ya que mañana por la mañana a primera hora acuden los encargados de la obra. Buenas noches vecinos, y descansad.
El Ayuntamiento cerró sus puertas y ventanas, y se refugió a descansar entre almohadas de formularios, normativas y leyes de conducta varias.
-Una nueva casa?, esto no puede llevarnos a nada bueno, seguro que se limitan a construír más viviendas que luego, por desgracia, siempre desgracia, quedarán vacías. La gente no puede costearse una casa particular con los tiempos que corren. Todo, todo está mal- lamentó una vez más la funeraria. Y nadie le hizo caso, ya que todo el mundo estaba acostumbrado a sus funestas declaraciones “es su carácter, tenemos que entenderle. Es así”, explicaba la siempre comprensiva Guardería, defendiendo tal lúgubre casa.
-Que ha dicho qué? –preguntó atropellado, y de sopetón, el viejo Geriátrico, como si de un antiquísimo sueño hubiérase despertado-, no le he entendido bien, sea lo que sea… me niego!, nunca me han gustado los humos de ese joven prepotente capitalista. Y volvió a refugiarse en el plácido sueño del cual previamente le habían despertado.
La tienda de Antiguedades pidió cortés permiso para hablar, más que para hablar, para dialogar, acorde a sus modales:
-Vecinos, permitidme que os dirija unas palabras. Trataré de ser breve y claro, pero ante todo breve –subrayó- , ya que no deseo consumir vuestro escaso tiempo escuchando una larga perorata por parte de mi persona. Sufro y padezco en estos tristes momentos, como todos vosotros y vosotras, de una pérdida que me aflige y me trastorna. Me llena de vacío… -observó a sus oyentes con reflexiva y perdida mirada-. Recuerdo buenos momentos, si señor, cuando el Cine desempolvaba, exclusivamente para mí, viejas bobinas y cintas filmográficas. Gracias a él pude ver aquellas películas de cine mudo que tanto me gustan, “La quimera del oro”, “Metrópolis”, “Nosferatu”!… qué miedo pasé las primeras noches imaginándome la larga sombra del Vampiro haciendo crepitar los goznes de mi puerta. Son películas que los más jóvenes del lugar nunca siquiera habrán oído, pero bueno, ya conocéis mis retrógrados gustos, para qué voy a engañaros?. Es una pérdida que mucho vamos a tener que lamentar y llorar, me uno por ello al dolor y funesto pensar de nuestra estimada Funeraria… pero, y permitidme que vaya un poco más allá de mi arcaico pensamiento, pienso que un nuevo vecino podría proporcionarnos algo más de vida a este, nuestro vecindario. Os lo digo yo, no debemos anclarnos en el pasado, y os lo comenta una casa que todavía se deleita haciendo girar discos de carbón en gramófonos, y vendiendo objetos de principios de siglo tales como candelabros o viejos sinfonieres. Tan sólo, démosle una oportunidad a este nuevo edificio, por favor.-
La Tienda de Antigüedades ajustó la ventana de la puerta de entrada a modo de monóculo, y observó a su audiencia como esperando una réplica. Y la encontró, si señor, pero a modo de silencio reflexivo.
Hasta las Viviendas se unieron al ensordecedor mutismo que lleno la avenida, interrumpiéndose así su estridente canción sin pentagrama. Si la carencia de palabras pudiera transfigurarse en agua, sería un torrente el que hubiera inundado todos los rincones de aquel plácido rincón del mundo, empapando con gotas de pensamiento todas y cada una de aquellas almas enladrilladas.
La Guardería quebró el silencio con tono pausado:
-Creo que todos y cada uno de nosotros deberíamos irnos a descansar, cierto?, sabéis que el momento en el que mejor uno reflexiona, es cuando se arropa en si mismo y se entrega al sueño. Amigos, nos vemos mañana. Descansad.-
Y fueron tan ciertas sus palabras, y tan cerrada era ya la noche, que todas las casas decidieron al unísono girar su personal cartelito de bienvenida, “Cerrado”, se leía en sus fachadas.
Y las casas, entonces, soñaron:
El Taller soñó que el nuevo vecino pudiera ser un elegante y moderno Concesionario de coches. Un lujoso espacio abarrotado de potentes balas italianas y tecnológicos bólidos japoneses. Por fin un compañero auténtico con el que dialogar acerca de motores, bujías, y caballos de velocidad!. Se construyó en su espacio onírico un lugar blanco, brillante, reluciente. Como un diamante en bruto salpicado de reflejos en torno al sol. Reflejos amarillos y rojos Ferrari, ¡brutales carrocerías!, sonrió el Taller mientras roncaba.
La Guardería soñó con una Escuela. Qué mejor opción la de edificar una escuela para los niños!. No había escuela en aquel pequeño pueblo, los niños tenían que depender de un autobús para recibir educación en el pueblo más próximo, y, lógicamente, un edificio de tales características sería lo más viable para tales circunstancias. La Guardería soñó con niños pintarrajeando sus paredes, describiendo sus imaginarios viajes, y explicando imaginativos “que-quieres-ser-de-mayor” con témperas en blancos folios. De ahí, se trasladarían a la escuela, para hacer realidad sus sueños. La Guardería hizo mecer los rosas columpios de su jardín, y con el ligero chirriar de sus pequeñas cadenas se puso a descansar.
Las Viviendas soñaron, pues eso, con otras Viviendas amigas con las que poder charlar y cotillear de asuntos varios. Soñaron con tendederos y patios comunes, compartiendo pinzas de ropa y chismorreos poco fundados. Soñaron con vecinas parlanchinas con las que llenar de palabras los aburridos vacíos del mediodía durante la siesta, cuando el Sol pega fuerte en Verano y ni las lagartijas se atreven a deslizarse por sus paredes. También las Viviendas consiguieron dormirse y pausar por unas horas su particular contruír del día.
La infantil Juguetería, tras el sofoco de saber que nunca más iba a poder ver películas, fue de las primeras casas en dormirse. No obstante, soñó con que el Cine no iba a desaparecer, sino que en realidad, ¡iba a ser reformado!. Se imaginó un Cine nuevo, enorme!, con espléndidas butacas de terciopelo y realistas estatuas de personajes de películas en la entrada. Qué quieres que veamos hoy, guapa?, le preguntaría el Cine, que no iba a ser un nuevo cine!, se reafirmaba en su idea durante el sueño, iba a ser el mismo, pero con un proyector nuevo, de alta calidad, donde pudiera colocarse gafas de esas de 3D para ver a sus héroes preferidos mucho más cerca, casi tocándose mutuamente las manos, de la misma manera que él le tocaba ahora mismo el corazón desde las alturas. Ese iba a ser el nuevo Cine para la Juguetería.
Hasta la Licorería soñó, embriagada por el Hada Verde de la absenta. Por su parte, se imaginó que el nuevo vecino iba a ser una Discoteca. Sí, sí, un elegante y muy chic, bar de cócteles, dónde los muchachos más elegantes, y las chicas más guapas pudieran ir a pavonearse unos delante de otros, exhibiendo ropas caras y peinados estrambóticos. Eso sí sería bueno!, pensó la Licorería. O porqué no?, un auténtico Bar de Rock!, poblado de moteros donde la cerveza y el whisky corrieran a raudales al ritmo de AC-DC o Iron Maiden. Se imaginó que vendría gente de otros pueblos y ciudades lejanas para ver muy buenos conciertos de Rock y Heavy Metal. Eso sí que realmente molaría, soñó la embriagada Licorería.
La Funeraria, por su parte, se imaginó en el lugar donde antes se colocaba el cine, un fastuoso Cementerio… qué iba ser sino?. Grandes mausoleos, impresionantes criptas, tétricas fosas comunes, blancos crisantemos adornando las esquinas… todo esto le vino a la cabeza a la Funeraria. Comentaría tristes historias de pesar y desgracia con el Cementerio, y se vería respondido con melancólicos argumentos relativos al “porqué de que todo esté tan mal y de que no podamos hacer nada por evitarlo”. Eso sí le gustaría a la Funeraria. Y la paradoja, es que todo este negro y funesto pensamiento que se marcaba en su mente como un obituario en una lápida, hizo que, desde hacía mucho tiempo que no sucedía, la Funeraria volviera a sonreír.
Y bueno, sólo queda decir que el resto de casas del vecindario, todas y cada una de ellas, arropadas por un común sueño, se imaginaron al nuevo vecino que estaba por llegar, fuera como un amigo, un compañero, alguien con quien compartir gustos, opiniones y pareceres, o como, simplemente, alguien que se instalaba ahí, observando, como todas las demás casas habían hecho durante tanto años, el suceder de una estación tras otra y el cambiar de un inquilino por otro en sus interiores…
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