Germán Coppini fue el primer cantante del grupo punk español "Siniestro Total". Los ahorcados que se mueren empalmados, la burda circunstancia de que me pique un huevo, o la infantil rima conseguida por un Ayatolah que me toque la pirola, fueron temas de base llamativa, de hecho rompedor y largo alcance (ya que todavía hoy se escuchan, y mucho, en redes sociales)con objeto de despertar alguna conciencia dormida. Era punk, el punk español de los 80. El riff guitarrero muy alejado de un pentagrama, empapado éste en cocaína de backstage... luego vino la voladora, la elíptica heroína y sus jeringuillas compartidas. Y toda esa gente, o una gran masa de la misma, murió arropada por el mortal acrónimo que, aún a día de hoy, resulta ser el SIDA.
Mi hermano me manda un vídeo, más o menos reciente, del fallecido Coppini. Muy alejado éste de la protesta y el talante disconforme hacia el todo. Lo abriga una orquesta sinfónica de trajeados chaqués. Al término de su monólogo entonado, un vítore común cierra de improviso los cuatro minutos y pico, durante los cuales, el vídeo se desarrolla.
Este hombre murió con 52 años, si no me equivoco. "Porqué escribes siempre de cosas negativas?, escribe algo divertido, que pueda leer", me dijo en cierta ocasión mi padre. Y tiene razón, nunca lo he negado. El tono negativo de la palabra siempre ha primado en todo aquello que mis dedos han rasgado en este rectángulo de caracteres desordenados... y sabes qué?, me gusta más así.
Gente que se muere. Gente que vive pero acompaña a alguien que se muere. Abuso de repetición?, peco de aburrimiento?, no sé, y si lo hago, me da igual.
Esta entrada es curiosa, sí. Normalmente siempre que escribo es porque lo he meditado durante unos días, qué tema tratar, desde que punto de vista enfocarlo, objeto y propósito, quiere agredir algo que deba ser agredido?, es algo que he experimentado?, una tarea que me quita el sueño por que se haya visto realizada?, o porque todavía deba constituírla material?... esta entrada me ha surgido espontánea al ver a un hombre, llamémosle "normal" que, a mitad de su vida se vio obligado a decir adiós, y lo hizo con micrófono, para que todo su auditorio lo escuchara. Yo no sabía que ese hombre era el tal Germán Coppini, pero sí conocía su música, todavía guardo cintas TDK grabadas y regrabadas con temas agresivos de aquellos que se escupen al hablar, de aquellos que se cantan con calimocho o cerveza empujándote en un hueco cualquiera, de un bar cualquiera, un día cualquiera de una de tantas cualesquiera vidas que pasan por esta que es nuestra particular y efímera vida.
No sé bien qué he escrito, pero supongo que lo necesitaba... aunque no esté bien redactado.
Resulta también curioso que lo haya escrito ahora, muy cercanos ya al ocaso de este agonizante 2013. Ojalá sea un buen presagio y logre el sangrado de mis huellas dactilares.
De todas maneras, gracias por leer.
Mientras tanto, bebo café.
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