-Y todas esas largas mesas?, cuánta cantidad de comida, o de lo que sea, tienen pensado servir?... no sé, no sé, nunca antes he conocido un negocio así.- Enunció intrigado uno de los vecinos.
-La verdad es que tienes razón, y tanta moqueta verde?... igual es un hotel, sí!, tiene que ser eso, verdad?, la recepción de un hotel. De sobras es sabido que el color verde induce a la tranquilidad. No hay nada mejor que estar tranquilo en un hotel, mientras el recepcionista manda al botones prepararte tu cómoda habitación… creo… no sé, al menos es así para los humanos, no?.- Comentó su amigo.
-Un hotel?, mmm, podría ser, sí, además tiene que ser un hotel de lujo, no hay mas que ver la cantidad de personas trajeadas que se han acercado por aquí, fumando sus gordos puros y agarrando sus maletines, ¡cargados de mucho dinero!, seguro… tú crees que todo ese dinero lo usarán para construír algún parque?, yo creo que sí, no?, no sé, yo es que soy muy inocente.-
-Sí, un poco inocente siempre has sido… pero, porqué no?, no tenemos que ser agoreros, verdad?, no sólo la codicia mueve al hombre.-
-Me lo imagino. ¡Me lo estoy imaginando!. Un parque enorme, ¡grandioso!. Seguro que tiene un lago, con patos y cisnes, ¡y con barcas!, sería tan bonito, sería… sería como un respiro para el pueblo, verdad?.-
-Y, por supuesto, que al tener un lago, también tiene que tener un puesto de helados, si yo pudiera comer, y tuviera dinero, me compraría un helado cada fin de semana, ¡o dos!, me gusta tanto el helado… creo.
-He oído a las Viviendas que han traído un disco muy grande.-
-Un disco?, qué es eso de un disco?, un disco de música?.-
-No, no, tonto, un disco grande, de colores. Seguro que es algún tipo de atracción para los niños, para que jueguen en el parque. Y también me han dicho que el nuevo vecino está lleno de luces, ¡y de sonidos!, no quiero ni imaginarme la que van a montar en el parque, ¡qué bonito!, algún tipo de atracción, seguro.--
-Pues sí, la verdad es que van a construír un parque bonito, si señor.-
A la mañana siguiente el vecindario parecía una olla a presión, y no era para menos, el nuevo vecino estaba a punto de despertar y todas y cada una de las casas querían saludarlo y conocerlo.
Todavía estaba a medio abrir. “APERTURA EN UNA SEMANA”, rezaba un gran rótulo luminoso en el más alto alfeizar del edificio. Los cristales de las ventanas estaban ahumados, con lo cual, ni la más curiosa de las Viviendas pudo averiguar qué se escondía tras las fachadas.
Lo que sí eran visibles eran los cientos de bombillas, ahora apagadas, que adornaban la parte delantera del edificio, como si de un artificial arcoiris se tratara. “Algún día estas bombillas se encenderán y todo el mundo tendrá que mirar”, se pensó repetidas veces a lo largo del vecindario.
Los vecinos siguieron opinando y, ante todo, divagando, hasta que un nuevo tono de voz, nunca oído antes por aquellas calles, hizo sonoro acto de presencia:
-“Hola?... eh, sois?... vosotros sois… el barrio?.- preguntó cauteloso el nuevo edificio. Una voz joven. Se podía afirmar que los muros interiores, así como el armazón habían sido construídos de nuevo. Una ingeniera actual. Un soplo de juventud, fresca presencia y energía para el pueblo.
Y, el Ayuntamiento, temeroso de que el nuevo vecino pudiera llegar a verse asustado por el griterío, habló primero y con autoritaria voz haciendo callar a las exaltadas Viviendas:
-“Sí, hola. Soy el Ayuntamiento, soy, por así decirlo, el alma y el pensamiento de este pueblo, hablo yo en representación de todos los demás.”
El Taller estuvo a punto de irrumpir en la conversación de brusca manera, pero su temperamento se vio sosegado por, como siempre, la pacificadora Guardería.
-Ah!, encantado entonces, bueno, encantado de conoceros a todos, yo soy…”
Si las casas hubieran tenido algo similar a un cuello articulado, se hubiera producido una competición en longitud por ser el primero en percibir las finales palabras de tal comentario.
-…soy el Casino.”. Terminó. Y carraspeó.
Todas las casas enmudecieron, pestañeando muy rápidamente, como si el involuntario movimiento de aquellos párpados pudiera llegar a facilitar el procesar de aquella información.
La reacción inmediata fue la de observarse mutuamente, retándose de inocente manera a romper el hielo y producir una respuesta. Como era de esperar, fue el Taller quien replicó:
-El Casino, eh. Y tú, tú… tú, qué vendes?.- Preguntó con cierto aire desafiante.
-Jaja, amigo Taller- río el Casino de forzada manera como pudiera llegar a hacerlo un grueso hombre de negocios -, lo que vendo yo no figura en los carteles que muestra un supermercado o un negocio común-. Observó al Taller con mirada compasiva, como si intentara explicar algo evidente a un niño que poco pudiera llegar a entender.
Dirigió entonces una mirada global a su audiencia como si de un famoso cantante de rock se tratara, e incrementando gradualmente su tono vocal afirmó con rotundidad:
-Amigos, yo os traigo aquello que sólo vuestra alma y corazón son capaces de producir, yo os traigo… ILUSION. La diferencia es que yo puedo traérosla regularmente, sin necesidad de burda espera-
Y todos los vecinos quedaron impresionados ante aquellas políticas palabras. Este nuevo personaje era carisma, y él lo sabía.
Al Casino no le hubiera hecho falta en aquel momento encaramarse a ninguna tarima para mostrar su notable superioridad. TODOS querían al Casino en aquel momento. Lo que no se sabía era si se le quería por el mero hecho de ser un personaje respetable, o por conveniencia ante aquello posible, casi fantasmagórico e ilusorio, que un ente como aquel pudiera realizar en el pueblo.
-Cierto es, y me diréis, “pero Casino, tú no tienes una caja registradora, ni bolsas para entregarme kilo y medio de ilusión… cómo eres tú capaz de darnos esa cosa tan bonita, tan preciada, y tan, TAN (elevó sabia, y profesionalmente, el tono de voz) escasa en estos fríos tiempos, como es la ilusión?”, pues bien, amigos, yo os respondería diciéndoos que la ilusión no es algo material, la ilusión no refuerza vuestros cimientos ni hace más preciosos vuestros ventanales. La ilusión es algo QUE YA TENEIS VOSOTROS. Es algo intrínseco en cada edificio. Yo sólo soy el medio, la vía que os permite imaginar el tener algo mejor. A quién no le gustaría tener unas cortinas más bonitas?, a vosotras sí, Viviendas, a qué sí?- Las viviendas permanecían boquiabiertas desde que el Casino desató su perorata de venta de cachivaches, al final una de ellas reaccionó como si despertara bruscamente de un sueño y afirmó “sí, sí, yo, a mí… lo que tú digas”, y se sonrojó-. Gracias, amiga, y lanzó una fugaz mirada cariñosa a la Vivienda, que se sonrojó aún más para jolgorio de sus amigas.
El Casino continuó:
Licorería, no dices nada. Cuántos años hace que no renuevas tu inventario?, tus alcoholes van a ganar más solera de la que ya tienen intrínseca- algunos rieron- sabes porqué?, porque no innovas, porque no cambias, y, amigos, porqué no se cambia y por lo tanto, no se innova?, porque no se tiene?...- y esperó la respuesta. El Casino era inteligente, sabía que no iba a fallar. Alguien tenía que decirlo. Alguien que reaccionara ante aquel discurso de pompa y magnético convencimiento. Alguien poseído por las luminarias del éxito. Alguien que…- ILUSION!- exclamó ante la mirada atónita de todos sus vecinos, la Funeraria..
Muy bien, Funeraria. Ya sabía yo que un personaje de tu clase y estirpe no iba a defraudarme. Probablemente, y sin ánimo de menospreciar a alguno (el Ayuntamiento creyó percibir una fugaz mirada dirigida a su enladrillada fachada) tú eres de los que mejor puede llegar a entender mi objetivo. Mi difícil objetivo… ahora, amigos, amigas. Debo recluírme hasta mañana, todavía no estoy preparado, pero cuando lo esté, que sepáis que voy a traeros la dicha, las ganas de continuar, el empuje del día a día. Por favor, si incluso la Funeraria ha visto la luz al final del túnel de su propio melodrama… y todo esto sólo gracias a mis palabras y a su propio convencimiento. Vecinos, la respuesta está en vosotros. Yo, yo sólo soy un puente entre vuestra desdicha y la superación-.
Y con estas palabras dignas de cualquier líder de masas, el Casino cerró los ojos y se sumió en el letargo propio de cualquier edificio en obras.
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1 comentario:
Bonito, muy bonito!!!
Beni.
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