Es en el trabajo donde todos me preguntan desconcertados, con la cara pintada de atónitas esferas "pero, y entonces, Jose, cuando no estás haciendo nada, qué haces?, porque yo me tengo que conectar, o miro el correo, o reviso Facebook, o hablo con gente que..."
Cuando eso pasa yo me pongo a pensar.
Pienso.
Pienso mucho, la verdad. Creo que, de hecho, cada vez pienso más. Veo crecer mi mundo reflexivo, lo expando, y lo alimento con pedazos y fotografías retocadas del otro mundo, del real, bueno, del más real.
Pienso mucho. Sano autista.
Pienso hasta el borde de pasarme de parada y llegar tarde por haber hecho noche en la luna de Valencia.
El otro día, un Lunes, volvía de un training, vamos, de un cursillo impartido por el hospital. Una de esas charlas pretendientes de una pareja con la que interactúe, pero que sin embargo acaba en un triste divorcio desprovisto del cuento de las arras y los anillos... no fue tan aburrido, de hecho, y aparte nos dieron café.
A lo que voy... tras la pertinente escala (pertinente para mí) en la planta, y consecuente actualización empática de penas y dolores ajenos, volví a mi feudo sin princesa.
Brixton.
6 de la tarde.
Gente.
MUCHA GENTE.
Toda la gente del mundo, y un poco más de gente capaz de hacer imperativo el verbo "estresar"
Observo al Inglés: alto, rubio, pálido, ciertamente pálido en contraste con la gris nube del exterior. Viste tras su nariz un semblante un tanto arrogante, tan arrogante, que desplaza señorial al cuerpo que lo contiene a traves de una marea electrónica de cuerpos conectados en serie. Cuerpos con rayas en la cara, desdibujados tras mi pestañeo arropado entre nanas ya de por sí adormiladas...
Han parado las escaleras mecánicas. Copón, porqué han parado las escaleras?... al menos recortan en eso, en España hubieran recortado en Enfermeras y Profesores (pienso). Remontamos la cumbre que nos vomitará al lecho social de la vida y, no, espera!, ESPERA!, alguien grita. Una mujer.
El tiempo se para.
Ni siquiera llega a ir muy lento, como sí lo hace en una de esas películas del género "miracomoenMatrix"
Piensas en gente, en mucha gente, bueno, tampoco en mucha, en la señalada. En la familia cercana, en tres o cuatro amigos. Piensas en aquello que dejaste hacer y que, pudiera ser, ya no tengas la oportunidad de hacer. Piensas en aquel ideario, en aquellos planes que acabaron en futuro incierto celoso de unos pocos presentes "nosotros hacemos, yo voy contigo, yo río... yo perdono... amo"
Recuerdas la desdicha de aquel gesto ordinario que, ni siquiera pensaste, tu persona fuera a ser capaz de generar. Dardos en los ojos, embebidos de nula compasión, viajando certeros hacia la diana del alma más pulcra y vulnerable. "Lo siento", lloran las palabras entre daños ya causados, buscando arrepentidas el arca perdida del perdón.
La estación concurrida que es tu cabeza no da crédito "de dónde viene toda esta gente?, joder, nunca pensé que mi alma tuviera tantos recovecos".
Entonces te preguntas "y si lo es?, que hago?. Salgo corriendo?, me pongo a ayudar?. No tengo experiencia en Urgencias, pero aunque fuera lo intentaría, seguro" (sabes que lo intentarías, dar un poco de tu vida a cambio de otra ajena, es aquello para lo que vales)
No te fijas en la botella, te fijas en el líquido que contiene. Es rojo, como el tuyo. No tiene sexo, ni sabe nada de pieles o entes sobre las nubes. Son cadáveres que acabarán siendo del color de la tierra, sólo que sufren un estado de transición de, 70?, 80?... 20 años?. Porque hay cadáveres de esos desgraciados que ni siquiera alcanzan los 20, y no es por culpa de ellos, sino del llorado poema que recitan sus vidas.
Porque no hay muertos de primera, segunda o incluso tercera categoría, no seamos tan cínicos, relevemos ese etnocentrismo al lugar que en el diccionario le corresponde, allá donde se ocultan esos libros que deberíamos leer regularmente, aquellos que hablan de viajes y apertura de ideas.
Podría pasarme horas hablando de compasión, de solidaridad, de lazos en solapas y banderas desplegadas en torno a cirios de iglesia.
Prefiero hablar de vida.
Prefiero hablar de respeto.
viernes, 20 de noviembre de 2015
miércoles, 28 de octubre de 2015
Colaboraciones (II)
-Déjalo, déjalo en paz, cariño, no le molestes- agarra del pequeño brazo a su hijo, y lo encamina en dirección opuesta a la estela de su mirada.
"El loco", "el tonto", "el raro"... tantos apelativos, y tanto resquemor entre consonantes y vocales. A él le gusta más "el amigo de las palomas". Le bautizó de esta manera uno de esos pobres que duerme entre periódicos, agazapado entre la indiferencia de las gentes impersonales, cobijado por el vaho que deja el frío.
El amigo de las palomas pasa las tardes sentado en un banco, siempre el mismo, como si el escape de su obsesiva rutina le pudiera ocasionar un equívoco en el alma, o un camino erróneo de vuelta a casa, que quizás fuese peor.
Se sienta en el banco y, como si del rey de la selva se tratara, todos los animales (sólo palomas, no exageremos) se congregan en torno a él- "qué tal estás hoy?, y qué has hecho?, todo bien en casa?"- le preguntan ansiosas, llenando el aire de burbujas como si de un ancho mar se tratara, como si de las voces que pueblan un mercado habláramos.
Lógicamente (incluso para él, en su mundo lógico tachonado de excentricidades) no les entiende, pero éso no le desanima y, educado, responde con cándido semblante, con ingenua mirada.
Todos le conocen, le ven, y le evitan. Conocer-ver-evitar. Como un protocolo a seguir, como un amor verdadero que deba ser.
A nadie le interesa los charcos de sus ojos, o el rumbo que su barco debería haber tomado si la Tierra, y la vida, no se hubiera parado en aquella carretera. Aquel instante en el que la nada empezó a cobrar fuerza y sentido.
Mientras tanto?, mientras tanto da de comer a las palomas.
lunes, 5 de octubre de 2015
Colaboraciones (I)
"Deckard, cómo has llegado aquí, y exactamente de qué estás escapando?", se preguntó.
Un atisbo de duda planeó vagamente sobre su conciencia, errático cual Domingo vago, "y sí realmente no estuviera escapando, si no acosando?".
La investigación le estaba casi consumiendo, no sólo física, sino también anímicamente. Su alma?, quemándose lentamente como los cigarros que compulsivamente estaba volviendo a fumar. La esperanza de encontrarla nuevamente?, escasa, corta, reducida como las colillas que poblaban todos y cada uno de los ceniceros de su apartamento.
Se adentraba poco a poco en la tienda del viejo Lao. Un lugar demencial, plagado de cachivaches, curiosidades, y también antiguedades. Un oasis de caos entre el orden establecido. El lugar perfecto donde comprarle el regalo perfecto, a la exnovia perfecta, que todavía te está jodiendo la vida, sí, la vida que antes considerabas perfecta.
Corría cortinas de tanto en tanto, esas cortinas rojas tan típicas de los fumaderos de opio. No era un fumadero, no era un agujero rojo encandilado por asiáticas meretrices de ojos rasgados, sólo era un establecimiento viejo, desvencijado y sobre todo solitario. Deckard siempre fue un hombre solitario, por eso se hizo detective, para trabajar sólo, y casi cuando le viniera en gana, pero esta vez, sólo esta vez, hubiera pagado en oro el equivalente de su miedo latente con tal de abandonar temporalmente esta viciosa soledad, esa soledad helada, esa que nos cala los huesos sin que se rompan las nubes, y que nos advierte como un sentido adjunto, más lejano que el famoso sexto, que no estamos tan solos como creemos.
martes, 18 de agosto de 2015
Tan cerca
A esa hora temprana de la mañana, cuando los párpados desconchan el suelo a modo de raíl, la gente se dirije a sus lugares de trabajo.
"-1"
Indica el rótulo iluminado del ascensor que, por mágico arte, el vagón del metro escupe todos los días y a la misma hora.
Bajo cero, como mi estado de humor ahora presente.
Negativo, como el positivismo que compartimos observando la metalizada y fría puerta de doble hoja.
Menos uno, como los días restantes para despedirnos de la pala y la tierra. Polvo al polvo.
y también es el piso en el cual ahora me encuentro.
Las puertas se abren y nos introducimos todos en un recinto que se acopla a nuestras figuras, todos juntos conformamos un cuadrado. No existe gente delgada, gorda, ni atlética, ni tampoco excesivamente delgada, gorda o atlética, al final todos nos acoplamos a un recinto cuadriculado, como una sola alma con cuatro vértices que empieza y acaba, lineal, como nuestras vidas (pero eso es otra historia)
Lá musica de mis altavoces me abstrae. Es un poder que siempre he albergado, el de la abstracción por medio del guitarreo, capaz de elevarme a las alturas cual viaje psicotrópico, o de portarme derecho a la tragedia al no observar un semáforo confidente... opto por lo primero.
Desde arriba observo aquello que me permite visualizar la cámara. Y sólo veo ratas.
Ratas blancas, concretamente, sí, de esas de laboratorio que, en un laberinto constrúido por una mente más desarrollada, van de un lado a otro buscando un punto B tras haber abandonado otro punto A. No saben bien a dónde van, sólo siguen su instinto, o bien el olor a queso. Nosotros hacemos lo mismo, pero en vez de queso tenemos un sobre con dinero, y en vez de un camino rectilíneo, uno lleno de baches de desgracia, de felicidad, de instintos y consecuencias vitales, de experimentación,de sexo, de procreación, de muerte...
En todo eso pienso mientras el tiempo y la vida me llevan del punto -1 al 0.
Entonces, con esfuerzo empujo mis ojos hacia el mundo consciente, como una de esas máquinas que arrancan trozos de pavimento viejo para reemplazarlo por nuevo. Y entonces veo la vida.
Son 6 segundos y algunas décimas, milésimas, y diezmilésimas, nada en el egoísta mundo material, pero todo en el otro mundo, en ese que hasta ahora creía deshabitado y yermo, tan lleno de nada, tan vacío de todo.
Tan cerca que a pesar de tener los brazos pegados al cuerpo, y ser casi un vegetal, consigo abrazarle como si fuera mi corazón atlético el que salta entre almas muertas.
Tan cerca que este escenario de no sé cuantos mil días cobra por fin sentido.
Está tan cerca, tan cerca!, que el resto de mi cuerpo siente celos de mis propios ojos, porque es la única parte mi ser que consigue abrazar los suyos.
Tan cerca que ya no es furtivo, sino eterno.
Y la mente?, ay, la mente, ella es la que guarda el recuerdo, la que se lo reserva bajo caudales y entre algodones.
"doctor!, cámbieme estos ojos!", grito en la sala de espera, "devuélvame aquellos que me dejaron ver el día", pero la ciencia no consigue milagros de tal calibre. Y es que me paso el día durmiendo, porque cuando duermo y apago esta falsedad, esta burla horaria que controla el calendario, sólo entonces es cuando veo encenderse el mundo y sentir sus movimientos de rotación y traslación, un danzar acompasado delimitado por su pestañeo, por el que todavía recuerdo bailar durante esos 6 segundos y pico de percepción color zafiro.
"-1"
Indica el rótulo iluminado del ascensor que, por mágico arte, el vagón del metro escupe todos los días y a la misma hora.
Bajo cero, como mi estado de humor ahora presente.
Negativo, como el positivismo que compartimos observando la metalizada y fría puerta de doble hoja.
Menos uno, como los días restantes para despedirnos de la pala y la tierra. Polvo al polvo.
y también es el piso en el cual ahora me encuentro.
Las puertas se abren y nos introducimos todos en un recinto que se acopla a nuestras figuras, todos juntos conformamos un cuadrado. No existe gente delgada, gorda, ni atlética, ni tampoco excesivamente delgada, gorda o atlética, al final todos nos acoplamos a un recinto cuadriculado, como una sola alma con cuatro vértices que empieza y acaba, lineal, como nuestras vidas (pero eso es otra historia)
Lá musica de mis altavoces me abstrae. Es un poder que siempre he albergado, el de la abstracción por medio del guitarreo, capaz de elevarme a las alturas cual viaje psicotrópico, o de portarme derecho a la tragedia al no observar un semáforo confidente... opto por lo primero.
Desde arriba observo aquello que me permite visualizar la cámara. Y sólo veo ratas.
Ratas blancas, concretamente, sí, de esas de laboratorio que, en un laberinto constrúido por una mente más desarrollada, van de un lado a otro buscando un punto B tras haber abandonado otro punto A. No saben bien a dónde van, sólo siguen su instinto, o bien el olor a queso. Nosotros hacemos lo mismo, pero en vez de queso tenemos un sobre con dinero, y en vez de un camino rectilíneo, uno lleno de baches de desgracia, de felicidad, de instintos y consecuencias vitales, de experimentación,de sexo, de procreación, de muerte...
En todo eso pienso mientras el tiempo y la vida me llevan del punto -1 al 0.
Entonces, con esfuerzo empujo mis ojos hacia el mundo consciente, como una de esas máquinas que arrancan trozos de pavimento viejo para reemplazarlo por nuevo. Y entonces veo la vida.
Son 6 segundos y algunas décimas, milésimas, y diezmilésimas, nada en el egoísta mundo material, pero todo en el otro mundo, en ese que hasta ahora creía deshabitado y yermo, tan lleno de nada, tan vacío de todo.
Tan cerca que a pesar de tener los brazos pegados al cuerpo, y ser casi un vegetal, consigo abrazarle como si fuera mi corazón atlético el que salta entre almas muertas.
Tan cerca que este escenario de no sé cuantos mil días cobra por fin sentido.
Está tan cerca, tan cerca!, que el resto de mi cuerpo siente celos de mis propios ojos, porque es la única parte mi ser que consigue abrazar los suyos.
Tan cerca que ya no es furtivo, sino eterno.
Y la mente?, ay, la mente, ella es la que guarda el recuerdo, la que se lo reserva bajo caudales y entre algodones.
"doctor!, cámbieme estos ojos!", grito en la sala de espera, "devuélvame aquellos que me dejaron ver el día", pero la ciencia no consigue milagros de tal calibre. Y es que me paso el día durmiendo, porque cuando duermo y apago esta falsedad, esta burla horaria que controla el calendario, sólo entonces es cuando veo encenderse el mundo y sentir sus movimientos de rotación y traslación, un danzar acompasado delimitado por su pestañeo, por el que todavía recuerdo bailar durante esos 6 segundos y pico de percepción color zafiro.
domingo, 3 de mayo de 2015
Entrañas
Me mudo.
Otra vez.
A, a... a Nueva York, por ejemplo.
Con sus rascacielos y altas azoteas.
Para tirarme...
y ver así si hay algo dentro.
He fingido traumatismos, quejas y dolencias varias, todo con tal de someterme a rayos X variados. Me han fotografiado desde radiografías, hasta escaners, pasando por variopintas intervenciones que precisan acrónimos tipo TAC, PET u otros.
En todos ellos, sólo he encontrado carcasa.
Mis miembros?, en la sala de Urgencias me miran raro, como si acarreara algún tipo de episodio depresivo que induzca al cercenado de mis propias venas. Mis brazos parecen ramas de un árbol viejo.
Busco mi propia sangre y, en efecto, la encuentro. Y ello hace que me refleje pletórico ante el espejo, ya que todo el mundo tiene sangre. Todo ser vivo tiene sangre en sus venas.
Hasta los muertos.
También los muertos albergan sangre. Un tránsito caliente, más o menos acelerado que intenta animar un cuerpo ya sin vida.
Es posible que yo sea un muerto que todavía ande?
Respiro, exhalo, como, bebo, río, camino, y corro si es preciso. Sexo?, también tengo sexo, la pregunta es si viene acompañado de algo perpétuo, algo más que determine ese momento, que lo clave en el tablón de anuncios que es mi vida día a día, día a día.
Es posible que por eso haga Enfermería.
Es posible que trabaje en un lugar discurrido por el dolor, enmarcado por un cuadro de lamento con sus cuatro esquinas, para ver si algo se agita dentro. No sé, la valoración tiende a ser positiva, porque mi alma encuentra réplica ante la súplica por un analgésico (mi alma?, mi compasión?, es lo mismo?).
Supongo que sí, que algo habrá dentro, ya que la ayuda la ofrezco con esmero y porque realmente lo siento.
Será que soy selectivo. Esto me da pena, esto no, quisiera sentirlo, pero no sucede.
Será que poseo entrañas, muchas de ellas!, y que en el fondo de las mismas encuentro una piedad trabajadora. Qué lástima que sólo sea eso lo que calientan mis órganos, y no haya algo más que anime mi centro vital aparte de la sangre.
Entrañas.
Otra vez.
A, a... a Nueva York, por ejemplo.
Con sus rascacielos y altas azoteas.
Para tirarme...
y ver así si hay algo dentro.
He fingido traumatismos, quejas y dolencias varias, todo con tal de someterme a rayos X variados. Me han fotografiado desde radiografías, hasta escaners, pasando por variopintas intervenciones que precisan acrónimos tipo TAC, PET u otros.
En todos ellos, sólo he encontrado carcasa.
Mis miembros?, en la sala de Urgencias me miran raro, como si acarreara algún tipo de episodio depresivo que induzca al cercenado de mis propias venas. Mis brazos parecen ramas de un árbol viejo.
Busco mi propia sangre y, en efecto, la encuentro. Y ello hace que me refleje pletórico ante el espejo, ya que todo el mundo tiene sangre. Todo ser vivo tiene sangre en sus venas.
Hasta los muertos.
También los muertos albergan sangre. Un tránsito caliente, más o menos acelerado que intenta animar un cuerpo ya sin vida.
Es posible que yo sea un muerto que todavía ande?
Respiro, exhalo, como, bebo, río, camino, y corro si es preciso. Sexo?, también tengo sexo, la pregunta es si viene acompañado de algo perpétuo, algo más que determine ese momento, que lo clave en el tablón de anuncios que es mi vida día a día, día a día.
Es posible que por eso haga Enfermería.
Es posible que trabaje en un lugar discurrido por el dolor, enmarcado por un cuadro de lamento con sus cuatro esquinas, para ver si algo se agita dentro. No sé, la valoración tiende a ser positiva, porque mi alma encuentra réplica ante la súplica por un analgésico (mi alma?, mi compasión?, es lo mismo?).
Supongo que sí, que algo habrá dentro, ya que la ayuda la ofrezco con esmero y porque realmente lo siento.
Será que soy selectivo. Esto me da pena, esto no, quisiera sentirlo, pero no sucede.
Será que poseo entrañas, muchas de ellas!, y que en el fondo de las mismas encuentro una piedad trabajadora. Qué lástima que sólo sea eso lo que calientan mis órganos, y no haya algo más que anime mi centro vital aparte de la sangre.
Entrañas.
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