El otro día vi la última temporada de Black Mirror.
Y, mmm, bueno, se puede ver.
Estuve leyendo varias críticas y reviews antes de verla por mí mismo, y todas apuntaban a valoraciones bastante pobres y observaciones acerca de capítulos mediocres, pero no creo que sea para tanto, coincido en parte, pero no creo que sea cuestión de tildarlos de pésimos.
No cabe duda que no existe punto de comparación entre aquellos (ains, ¡qué lejanos parecen!) capítulos de las dos primeras temporadas, aquel mítico del primer ministro y la cerda, animal con el cual el político se ve obligado a practicar la zoofilia por una causa crítica y mayor (para mí, el más flojo de los 6 primeros, pero el de un mayor colorido e impacto, buena razón para promocionar la serie, cierto), el futurista depresivo de las bicis con el telón de fondo de la vanidad como pecado capital y salida oxigenada ante una sociedad enferma, aquel de la mujer que conversa con un bot que emula a su marido fallecido, o «White bear», en mi opinión, y de las dos primeras temporadas, el capítulo más oscuro y agresivo (por llamarlo de alguna manera, táctil y material) aplicado éste al uso indiscriminado del móvil por parte de la sociedad, y a la falta de humanidad a la que nos estamos viendo catalizados (lo siento, soy agorero) sin remedio ni voluntad por evitarlo.
Casi olvido el especial de Navidad, ciertamente, una opresiva pesadilla finalizada con un bucle temporal dantesco que agradecimos cortar apagando el ordenador hasta el día siguiente.
A lo que voy, Black Mirror nos ofreció durante las 3 primeras temporadas un espectáculo variado acerca del uso indiscriminado, y tóxico, de las tecnologías, de Internet, la realidad virtual, y el impacto de todas esas variables en el comportamiento de la persona, sus nefastas (y extremas) consecuencias, y una visión enfermiza, paranoica, deshumanizada, y sobre todo, muy, muy oscura, del entorno social y su falta de benevolencia y compasión vaticinada por Charlie Brooker (la mente pensante de toda esta maquinaria). Black Mirror nos ofreció todo eso, y precisamente, «todo eso», se ha ido diluyendo a lo largo de las últimas tres temporadas. Tras visualizar un capítulo de «los viejos», el espectador no cerraba el reproductor al instante, dejaba correr los créditos hasta el final intentando asimilar qué había visto, y qué de real tenía la idea expuesta. Uno intentaba proyectar aquella barbaridad, aquella angustia, aquel delirio, a su día a día, y acababa diciendo «joder, es que, ¡es exagerado!, pero podría pasar, ¿sabes?». Con los capítulos «nuevos», éso no pasa, a mí al menos, no me pasa. Aprecio mas que tramas, subtramas relacionadas con ideas ya tratadas y desarrolladas en capítulos previos que ya no resultan tan chocantes, ¡que no quiere decir eso que sean malas!, no, sólo que ya no resultan tan frescas, tan temerarias, ya no dejan ese «mal rollo» que se nos quedaba en el cuerpo al ver los desenlaces de, por ejemplo, «The Waldo moment» o «White Bear» (me repito, lo sé, pero es que ese capítulo es excelente), o similares.
Antes, la ansiedad era creciente tras darle al play, y el colofón de tantos despropósitos nunca defraudaba, ahora, sólo los vemos con curiosidad. Vamos, que podrían ser capítulos tanto de Black Mirror, como de Historias de la cripta, o de La aventura de la Espiral.
Es sólo mi impresión, ¿o la franquicia se ha desinflado y ha perdido interés sobremanera desde que Netflix adquiriera los derechos?. No es que no los considere necesarios, pero, ¿no es verdad que desde que la serie fuera vendida al gigante televisivo, ha perdido un poco de su particular negrura y obsesión?, culminando ello, incluso, en capítulos con final feliz (St. Junipero, por ejemplo, gran capítulo que sí me gustó) que, repito, no es que me sobren, es que, creo, destacan un poco sobre el concepto primario del show, que es el regusto pesimista acerca de la evolución tecnológica en torno a nuestras vidas.
PD: El último capítulo, el de Miley Cirus, es una sandez y una estupidez que no hay por dónde cogerlo, sin embargo, me hizo mucha gracia verla cantar Nine Inch Nails (y seguro que a ella también, a la Miley)

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