jueves, 7 de mayo de 2020

El Faro




El otro día fui a ver El faro.

La película nos cuenta la historia de un farero (Willem Dafoe) y su aprendiz (Robert Pattinson) que se verán obligados a convivir durante 4 semanas en un islote distante de Nueva Inglaterra, mientras realizan las labores de manutención de tal elemento guía. Durante las casi dos horas de metraje observaremos cómo la relación entre ambos personajes se deteriora progresivamente debido a la presencia de determinados factores externos imposibles de controlar, hablamos del tedio, de la sospecha, del aislamiento, y de la locura, resultando esta última la campeona perversa de una batalla constante y sin cuartel entre la cordura y el desvarío.

Robert Eggers es el director, el mismo que allá por el 2015 nos presentara La bruja, una interesante historia retrato de la sociedad colonial de la Nueva Inglaterra del Siglo XVII, que presentaba como telón de fondo el satanismo y la brujería (para mí, un gusto esta película, sobre todo a nivel del habla y acentos de la época). El señor Eggers nos trae ahora este regalo, este cuento maldito de insania y perdición, de turbias gaviotas, de molestos tonos graves de sirenas de alta mar, y leyendas de pata de palo, pipa, y parches en el ojo que otrora consiguieron avistar el más allá.

La película está rodada en un formato un tanto inusual, el 4:3 (vamos, casi un cuadrado), un poco alejado del panorámico más tradicional al que estamos acostumbrados. Entre eso, y que el largo está grabado en blanco y negro (más negro que blanco, ciertamente), puede ser cierto que los primeros minutos de visionado resultarán un poco incómodos de disfrutar. Por fortuna, la película goza de calidad suficiente para que ello no resulte un factor en contra.

Y los actores?, buf, los actores… empiezo:

-Willem Dafoe encarnará al farero experimentado, al viejo, al verdadero lobo de mar, aquel con la categoría suficiente para decir "arrr" cada dos por tres, y escupir al suelo si así le viniera en gana. Willem Dafoe es un muy grande actor, y perfectamente podría ser también un viejo marinero ajado por los años y el ron, y nadie se daría cuenta.
Este hombre, directamente, ha hecho lo que le ha dado la gana en esta película, y lo ha hecho de manera superlativa, dando vida a un pirata de la vieja escuela en el más tradicional esquema de tablas y escenario. Su labor como marinero de agua dulce y poeta trovador a lo Herman Melville es uno de aquellos regalos que el teatro más puro es capaz de producir de manera esporádica. Sus monólogos alcohólicos (sobre todo uno de ellos del que todavía recuerdo ecos), babeantes de escupidera y etílicos juramentos, casi que nos remontan al Inglés más arcaico y quebrado, a un anglosajón Shakesperiano que perfectamente nos pudiera motivar a levantarnos de la butaca o el sofá para aplaudir al cielo, los cuatro vientos, y tirar por la quilla al desagradecido que no sintiera un mínimo hálito de emoción exaltada.

-Robert Pattinson es el nuevo, el joven, "el chico" al cual el anciano no para de criticar, de mandar, y de ladrar reprimendas como si de un hijo desobediente se tratara. Robert Pattinson ha sido, con esta película, una agradable sorpresa que me ha congratulado no para bien, sino para mejor, me explico… para Leonardo DiCaprio, el niñato de Titanic supuso un estigma y arma de doble filo, lo lanzó al estrellato, pero lo congeló casi perpétuo y condenó al ostracismo como "guaperas de cualidad actoral cuestionable", lo mismo le pasó a Brad Pitt con Thelma y Louise, y Leyendas de pasión después, crucificados ambos dos, y de ahí no los saques… por fortuna (para ellos, y para los que disfrutamos con el cine) ambos actores se atrevieron a apostar y arriesgar, a forjarse una identidad propia dentro del celuloide, y así lo han conseguido… por ello espero que a este chico, a Robert Pattinson, le suceda igual tras El faro y nos olvidemos un poco de aquel vampiro de "todo a cien" que una vez fue.
El personaje de Pattinson está totalmente a la altura del de Willem Dafoe. El se encargará de mostrarnos el verdadero rostro de la psicosis y los deterioros mental y emocional. Su personaje es demencial, y conseguirá de manera sobresaliente embarcarnos con él en ese viaje sin retorno a un profundo mundo acuático de sirenas, tritones, y vórtices en un mar agitado y tan lleno de preguntas como de respuestas.

El faro es opresiva, es triste, es perturbadora, es sospechosa a más no poder, y es un delirio en picado y en espiral a lo más hondo de la locura,. El objetivo de El faro no es sino hacernos partícipes de la fragilidad de la psique humana, y de la facilidad con la que se puede trastocar la brújula de nuestro juicio si soltamos el cabo que nos ancla al raciocinio.

El faro es una luz cuya finalidad no es mas que guiarnos, el problema es que tal faro refleja una vasta infinidad de posibilidades, igual que un viaje psicodélico de lentes reflejando un vacío sin retorno.



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