jueves, 7 de mayo de 2020
No tan Stranger Things
El otro día vi Stranger Things 3.
Siempre pensé que la serie ya debería haber acabado al finalizar la segunda temporada. Ese mundo reflejo, “upside down”, espejo del que los protagonistas pisan sólo que poblado por criaturas malignas que anhelan conquistar el anexo contrario. Dominado todo él por una entidad descomunal, terrorífica y de pesadilla, y alimentada a través del miedo en forma de parásito, algo así como un ente voraz y canibal sin capacidad de sentirse saciado.
Pero no, Netflix da pasta, ¡pero mucha!, y como borregos (yo, el primero, aunque no creo que cuenten conmigo para la cuarta temporada) acudimos en masa a digerir nuestra ración mainstream pertinente como si fuéramos obsesivos compulsivos, heroinómanos contemporáneos pinchándonos series en vena con objeto de aplacar nuestro mono de innecesaria información opiacea.
Los niños van creciendo, y con ellos sus hormonas, que han dejado de lanzar dados buscando el crítico rolero que les permita asestar un buen golpe de mandoble a dos manos, para intentar hallar la manera de afilar por primera vez su daga todavía envainada. Ya se besan, ya se dicen que se quieren, y ya observamos unas diferencias cliché entre géneros: ellas van de compras, ellos se tiran pedos y los ríen, ambos critican la futilidad del pensamiento de su especie opuesta.
¿Y lo de los Rusos?, la verdad es que no me ha quedado todavía claro si los Duffer brothers intentaban exponer de una manera personal, honesta y sincera, la ideología comunista y el conflicto de la guerra fría entre las dos potencias, o sólo pretendían caricaturizar de manera típica y tradicional los tópicos recurrentes aplicados al país eslavo (Gorbachov-Vodka-frialdad y ausencia de sentimientos o empatía)
El caso es que, y como bien he mencionado, el dinero llama al dinero, y los directores han decidido lanzarse un salvavidas a ellos mismos en caso de que el buque de la inventiva se encamine a un puntiagudo y personal iceberg, dejando, por si acaso, un final abierto al cual agarrarse si así lo consideraran pertinente.
Aún así, me he quedado con tres puntos a destacar de la temporada:
-La emotiva carta del Chief Hooper a Eleven, una declaración honesta de intenciones en la que deja patente que todos maduramos, nos desarrollamos, y envejecemos, y que, aunque nos joda y nos dé lástima, es la propia vida la que nos obliga a movernos hacia delante, aunque no sepamos bien qué estamos buscando.
-El guiño de Dustin a La Historia Interminable. Ahí me reí bastante, cierto es.
-Winona Ryder. Qué maja es esta mujer, copón, destacado mito sexual mío adolescente (y es que la mujer sigue, o parece, estando de buen ver, ¿no?
Llegaremos a ver un Stranger Things 11?, ¿con esa suerte de telépata, ya cuarentona, lanzando demogorgons en un Hawkins actual?
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