El otro día fui a ver In the tall grass (En la hierba alta)
Largometraje de terror producido por Netflix, cuyo estreno venía anunciándose durante bastante tiempo por la propia plataforma de contenido audiovisual y otras redes sociales, ¿la razón?, pues parece ser que este año Stephen King está de moda ya que hemos visto varias adaptaciones de obras suyas tales como 1922, La niebla, El juego de Gerald, y lo más mainstream hasta la fecha, el remake de It (todo el mundo como loco, no sé, parece que hayamos descubierto ahora a Pennywise). In the tall grass es un relato corto escrito por Joe Hill en colaboración con el mencionado King que por cierto, ¡es su padre!
La película está dirigida por Vincenzo Natali (que no es Italiano, por cierto).
Descubrí a Vincenzo Natali (no personalmente, artísticamente, me refiero) una tarde aburrida de Sábado allá a finales de los 90. Andaba yo deambulando entre pasillos y pasillos de cintas VHS en el centro comercial El Corte Inglés, con la intención clara de comprar una película de terror/gore. Pues bien, allá, sepultada entre otros títulos, encontré una carcasa azul de variados tonos metalizado-plateados con un llamativo y sobrio encabezado, «CUBE» rezaba el mismo, y así de claro, y sin exagerar, en aquel momento se abrió para mí una nueva concepción del cine de terror angustioso y psicológico.
Vincenzo Natali es un director irregular, no lo voy a negar. Cube fue un pelotazo, y aunque a día de hoy haya podido perder categoría entre otros títulos más recientes y relevantes, tal obra sigue siendo básica y pionera dentro de su género. Tras ésta su carrera se fue diluyendo lentamente, y su producción cinematográfica contándose entonces con cuentagotas. Sí, tenemos Cypher (que está bien), Splice (no tanto) y alguna que otra colaboración en capítulos de series televisivas punteras tales como WestWorld, o American Gods, pero no mucha realización más como autor propio e independiente, por desgracia.
De qué va la película?:
Pues bueno, la premisa es bastante simple: Dos hermanos recorren en coche una carretera perdida allá por el estado de Kansas. En un momento dado se verán forzados a parar como consecuencia de determinadas razones fisiológicas. Una vez ya estacionados, escucharán una llamada de auxilio de un niño que, parece ser, procede de lo más recóndito de un inmenso campo de alta hierba extendido hasta el infinito, la pareja acudirá entonces en ayuda del desdichado infante germinándose así la semilla (adecuada expresión para este artículo, no lo voy a negar) de una trama sobrenatural, enferma, y claustrofóbica.
Qué le veo de bueno?:
Comencé a ver la película sin saber siquiera que estaba dirigida por Vincenzo Natali, el caso es que al poco rato de perderse nuestros protagonistas entre esa espesa maraña de verdes brotes pensé, «joer, me recuerda un poco a Cube, pero al aire libre», luego ya, leyendo los créditos, confirmé mis sospechas. Es cierto que sí que guarda muchas similitudes con la ópera prima del director (para bien), ya que juega mucho y sin parar con la claustrofobia (mejor, ¿agorafobia?), la opresión, la ansiedad, y su consecuente falta de oxígeno. Si a uno le gusta el género o el tema, esta película le dará mucha posibilidad para el disfrute.
Stephen King está por ahí, sí, y a ratos me recordó a aquella teleserie de los 80 que tantas veces yo habré visto de crío y que se llama «Los Langoliers», donde se juega constantemente con paradojas temporales, el terreno sobrenatural, alteraciones del mundo físico, y de telón de fondo unas criaturas poco amigables con un cometido muy particular (la recomiendo muy mucho, por cierto)
La imagen. Uno que sea profano como yo en el mundo de la cinematografía y el arte audiovisual, llegará a apreciar y a valorar muy positivamente el trabajo de la imagen y la producción visual de esta película. La película es un regalo de tonos muy vivos, y tonos muy muertos, muchos juegos de cámara, y escenas que rayan la enfermedad, que hacen sentir al espectador a ratos molesto e indigesto, que suscitan emociones y las elevan para bien, y sobre todo, para mal.
Qué le veo de malo?:
Para empezar, es un relato, no una novela. Podría haberse hecho un muy buen corto en vez de una película de casi dos horas. La trama pierde relevancia antes de la mitad del largo y se diluye lentamente haciendo que perdamos el interés, manteniéndonos sentados delante de la pantalla sólo para ver qué coño pasa en el campo ese.
El trabajo de los actores no convence ni hace que empaticemos, a nadie nos preocupa qué le pueda pasar a la chica ni al idiota de su hermano, la familia que anda rondando por ahí carece de la más mínima importancia o relieve, tan sólo es el niño, un fantasmagórico Will Buie Jr. el que nos hará sentir algo más partícipes de aquello que está sucediendo en aquel maizal donde sólo faltan Los Chicos del mismo. Sale Patrick Wilson que, bueno, aparece por ahí con intenciones engañosas pero que, aún intentándolo, no consigue involucrarnos en su juego malo maloso.
Yo creo que el problema de esta película es, como ya he dicho, su metraje. Si toda la trama se hubiera condensado en media hora-cuarenta y cinco minutos, hubiéramos disfrutado de un corto muy, pero muy bueno y sobre todo muy intenso. La segunda mitad de la película se vuelve vaga y repetitiva, y aún a pesar de meternos conjuras, ritos, subtramas, dramas familiares y juegos físico-temporales, el interés que podamos todavía albergar por el visionado del resto del filme es casi nulo, tan sólo se verá nutrido, uno, por salteadas escenas terrorífico-oníricas (que son muy bonitas de ver, no voy a decir que no), dos, saber qué pasa al final de la película, y tres, esperar con ansia que aparezca un pirómano y se dé un festín orgiástico con ese puto campo del demonio.

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