jueves, 7 de mayo de 2020

El Camino (una historia de Breaking Bad)



El otro día fui a ver El Camino.

Película dirigida por Vince Gilligan (creador de esa maravillosa serie que es Breaking Bad), producida y anunciada a bombo y platillo por la plataforma audiovisual Netflix, y que sigue la estela (y a modo de epílogo) de la mencionada serie de drama y humor negro.
Por que El Camino se queda en eso, en una estela, en una estela muy pequeña, poco brillante, y mucho menos fulgurante que cualquier episodio de la galardonada serie.
El Camino es una película que a los que disfrutamos y aprendimos a amar las aventuras de Walter White (Heisenberg, ¡qué grandísimo alter ego!) y su carismático y entrañable socio (y durante emotivos periodos de la serie, digno de compasión), Jessie Pinkman, nos va a resultar muy poco interesante, y a aquellos a los que la serie no les atrajo en su momento (o bien tuvieron la desgracia de no haberla conocido) les va a atraer si cabe, todavía menos.
Es un largo soso, plano y aburrido, que carece de la más mínima acción y no resulta para nada trepidante o interesante, ¡y es una lástima!, porque el trasfondo filmográfico que ofrece la serie, la trama, y sus personajes, está más que abierto a ofrecer posibilidades interesantes.
Los únicos dos intereses que, a mi juicio, El Camino ofrecen son, uno, saber qué fue de Jessie Pinkman tras su huida en coche en el último capítulo de la serie, y dos, poder disfrutar de algún flashback (que sí, lo hay) en el que pueda aparecer el narco-profesor.

El Camino podría bien haberse resumido en un extra o director´s cut tras la finalización de la serie, o un corto de media hora creado para beneplácito del espectador, no resultando así tan hueco, vacío, y desprovisto de interés.



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